¡Vaya tos más fea!

04:00 de la madrugada de una guardia cualquiera de septiembre u octubre. Las puertas de urgencias se abren y cual Usain Bolt entran dos padres a la carrera, con su hijo de 2 años en brazos al grito de: ¡no puede respirar!. Habitualmente todo este alboroto contrasta con el estado del pequeño, casi asintomático, que presencia todo como un espectador más, ajeno a la ansiedad de sus padres. Después de intentar tranquilizarlos te narran como estando el pequeño bien, a excepción de los típicos mocos, ha comenzado súbitamente a toser de una manera “muy fea”, como “perruna” y haciendo un ruido como si le faltase el aire, y ante la gravedad de lo que estaban presenciando han salido corriendo hacia el hospital.

Este relato, historia que vemos de manera frecuente en estas fechas, define perfectamente la enfermedad que vamos a tratar en esta entrada: el CRUP o Laringitis. ¡Allá vamos!.

 

A partir de ahora, y aprovechando los excelentes pacientes que tengo, intentaré hacer más visual las entradas aportando imágenes y videos, creo que puede ayudar mucho a la explicación de los temas. Y para comenzar con este nueva iniciativa que mejor paciente que mi hija, os dejo su tos de la pasada noche, seguro que muchos de vosotros os sentís identificados:

 

Pues sí, esto que escucháis es una laringitis, comprensible que tengáis la tentación de salir corriendo al escuchar a vuestro hijo así, pero vamos a saber un poco más acerca de ella.

Las Laringitis son, por regla general, infecciones virales (parainfluenza, influenza, adenovirus…) que motivan una inflamación de la vía respiratoria superior (laringe) de manera súbita (estaba bien y de pronto esa tos), ocasionando al paso del aire ese ruido tan característico – “estridor” – y esa tos metálica tan peculiar que simplemente escuchándola nos da el diagnóstico. Suelen darse en niños entre 6 meses y 3 años y son más frecuentes en esta época del año: otoño e invierno.

 

El cuadro de inflamación de la laringe puede ser más o menos severo, por ello, y antes de explicar como manejar una cuadro de laringitis, os recomiendo que si vuestro hijo comenzase con el ruido antes descrito y os da la sensación de que no puede respirar adecuadamente: hunde mucho el pecho y la zona por encima del esternón, se encuentra pálido… no dudéis en consultar en un servicio de urgencias. No obstante, lo más frecuente son cuadros leves, y son esos donde podéis jugar un papel importante a la hora de manejar correctamente a vuestro hijo y evitarle tratamientos innecesarios.

Ya sabemos que si nuestro hijo comienza con ese ruido está cursando un cuadro de laringitis. Deberemos acercarnos a él, consolarlo (para ellos es estresante despertar de madrugada con esa tos) y sacarlo a la terraza o a la ventana (esto último es importante pues la humedad ambiental relaja mucho la vía respiratoria superior, disminuyendo la inflamación). Si tras el primer contacto veis que el pequeño respira bien (a pesar de lo fea que sea la tos) os recomiendo administrar un antiinflamatorio (ibuprofeno) y ver como evoluciona. Habitualmente entre el efecto del ibuprofeno y la humedad respirada son suficientes para cortar el cuadro y poder seguir descansando el resto de la noche.

En ocasiones la tos metálica puede durar algunos días más o cursar con disfonía, en ese caso podéis continuar con ibuprofeno cada 6-8 horas para aliviar los síntomas. En otras ocasiones las laringitis igual de rápido que llegan se van y el estridor no vuelve a aparecer. Sea cual sea la evolución inicial, lo normal es que posteriormente quede un cuadro catarral con mucosidad y tos, así que ¡preparaos para 1-2 semanas siguiendo las indicaciones de las dos entradas anteriores!

 

Como siempre os digo, espero haya sido de utilidad esta entrada ya que se que es una patología muy alarmante. ¡Un saludo a tod@s!

 

Anuncios

Lavados nasales

Lo prometido es deuda, y después de la gran aceptación que ha tenido la entrada sobre catarros (aprovecho para daros las gracias a todos los que le dedicasteis tiempo a leerla), no quería dejar pasar demasiado tiempo sin hablaros de los lavados nasales.

 

Me parece fundamental, sobre todo en niños pequeños menores de 6 meses, tener claro cuando hay que realizar un lavado nasal. En lactantes muy pequeños, debido a la inmadurez de la vía respiratoria, es muy frecuente oír ruidos a modo de “ronquidos”, sobre todo cuando se relajan. Rápidamente creemos que están resfriados y sacamos toda la artillería: sprays de agua de mar, suero fisiológico, aspiradores de moco… pero nada, no hay manera, el ruido sigue ahí y motiva varias consultas al pediatra. Por tanto y aunque parezca obvio, realizad los lavados nasales ¡cuando veáis mocos!, los ruidos en muchas ocasiones son simplemente las vibraciones de esa vía respiratoria aún inmadura, y haciendo lavados o aspirados no conseguiremos nada.

Resuelto el misterio de los ruidos de mocos sin mocos, los lavados nasales debemos hacerlos cuando verdaderamente sean necesarios, me explico. Como en todo, debemos partir de la base de que lo que hagamos debe tener un beneficio que supere a las posibles molestias, por tanto si tenemos a nuestro pequeño con sus “velillas” más feliz que una perdiz, comiendo genial y durmiendo como un “tronco”, dejadlo tranquilo, limpiadle los mocos que vayan saliendo y listo, como ya sabéis, es posible que esas “velillas” estén ahí unos cuantos días/semanas. Si por el contrario el pequeño no puede respirar bien (respira por la boca), come fatal o los mocos no le dejan dormir tranquilo es el momento de pasar a la acción.

 

Vamos a entrar en materia. Tratado ya el tema de la “eficacia relativa” de los mucolíticos, debéis tener claro que la mejor manera de ayudar a vuestros niños a sobrellevar los catarros es realizando lavados nasales. Cuando nosotros estamos resfriados vamos siempre pegados a nuestro paquete de clínex, y tenemos que sonarnos de manera frecuente para poder respirar. A los niños les pasa lo mismo, lo único es que ellos no saben sonarse, por tanto nos necesitan.

Los sprays nasales indicados para realizar lavados (hay varias marcas comerciales) son eficaces, aunque mi preferencia cuando la congestión es importante es realizar los lavados con suero fisiológico (SSF). Pero ¿cómo hacer un lavado nasal con SSF en un niño con la nariz llena de mocos?:

Debemos cargar una jeringa con SSF (la cantidad dependerá del tamaño del niño, lactantes pequeños 2 ml puede ser suficiente, lactantes mayores y preescolares unos 5 ml), sujetamos al pequeño boca arriba y con la cabecita de lado, y aplicamos el SSF por el orificio nasal que queda más alto de manera continua y enérgica, a fin de que el suero arrastre el moco por la otra fosa nasal. A pesar de ser un alivio para ellos inicialmente les resulta molesto, por eso lloran, es conveniente que cuando comience a llorar e inmediatamente después del lavado lo incorporéis y lo pongáis mirando hacia abajo, para que moco y suero caigan por gravedad y no se atraganten.

 

¿Y cuando los mocos están en la garganta y por muchos lavados que hagamos no sale nada?. Esta pregunta es muy recurrente en urgencias, y es verdad que a veces no hay manera de hacer desaparecer esos mocos. Pues bien, si están en la garganta no hay lavado nasal que consiga echarlos hacia fuera, por tanto sólo nos queda echarlos hacia dentro, vamos que se los trague. Para ello debéis colocar al pequeño tumbado boca arriba con el cuello extendido, dejamos caer por las fosas nasales un poco de suero, no apliquéis fuerza, simplemente que caiga por gravedad, cuando el suero llegue hasta el moco el pequeño tendrá el reflejo de tragar, es el momento de cerrar con cuidado su boca y que lo haga.

 

¿Cada cuanto debo hacer un lavado nasal?. Como he dicho anteriormente los lavados nasales son para ellos como nuestros pañuelos, por tanto podéis hacerlos tantas veces los necesiten, os recomiendo sobre todo usarlos antes de las comidas y antes de dormir.

 

 

Nuevamente agradeceros el tiempo dedicado en leer estas entradas, que únicamente pretenden daros herramientas para poder tratar mejor a vuestros hijos, y que sin vosotros al otro lado no tendrían sentido.

Llegó septiembre llegaron los mocos

big_mocos

         Pues sí, empezó septiembre, nuestros peques comenzaron el cole o la guarde y con él llegaron nuestros amigos los mocos. Las consultas de urgencias se llenan de padres preocupados llevando consigo niños por lo general muy sanos. Se que vuestros niños son lo más importante y bien hacéis en preocuparos por ellos, pero aquí estamos para enseñaros cuando preocuparse de verdad y cuando ser unos “malos padres”.

Cuando termina el verano y empiezan los meses fríos, los virus (y hay cientos) comienzan a proliferar, eso unido al inicio del colegio (veinte diablillos en una misma habitación tocándose, besándose y chupando mil y un objetos) hace que los catarros surjan cual epidemia, y sin darnos cuenta, a los dos o tres días de empezar la guarde/cole, tenemos a nuestro hijo con mocos, tos y fiebre.

 

¿Pero qué son los mocos?.

¿Os acordáis de lo que hablamos de la fiebre?, espero que sí, sino repasad la entrada – https://padreypediatra.wordpress.com/2017/06/08/el-principal-motivo-de-consulta/ – la fiebre es un excelente mecanismo defensivo, bueno, pues los mocos también lo son, son una secreción producida por nuestra vía respiratoria que actúa como la primera barrera defensiva que se encuentran los virus. ¿A qué ahora los veis con más cariño?. Un catarro no es sino una infección viral que afecta a la vía respiratoria superior, y está responderá produciendo esa secreción mucoide que acabamos de describir, además, como infección que es, puede provocar  la aparición de fiebre, a estas alturas todos sabéis la ecuación: fiebre + infección viral = NO antibiótico. Seguimos.

 

¿Hay algo para tratarlos?.

Como ocurría con la fiebre, los mocos a pesar de ser una ayuda contra la infección son bastante molestos, por eso los papis siempre nos pedís remedios milagrosos para que desaparezcan, pero lo siento, no exísten. Tenemos una respuesta natural para deshacernos de ellos, y esa es la tos, cuando estamos resfriados tosemos para movilizar todo ese moco que inunda la vía respiratoria, como comprenderéis cortar la tos supondría que el moco se estancase y con él todos sus virus, no parece una gran idea, así que huid de los antitusígenos (como excepción siempre me gusta dejarlos de opción para las molestas toses secas nocturnas que no dejan descansar al pequeño). Recordar que la tos también ocurre en otras enfermedades: bronquitis, asma, laringitis… en estos caso sí se tratará la causa que la motiva, pero no es el tema que nos concierne ahora mismo.

Además de la tos, tenemos otro tratamiento muy eficaz en nuestras manos: los lavados nasales. En realidad son el único tratamiento que se ha demostrado eficaz en niños pequeños, un buen lavado nasal antes de las comidas permitirá que el niño coma a gusto, y un buen lavado nasal antes de dormir permitirá que duerma mejor. Dada su importancia y el alivio que produce en los pequeños le dedicaré en exclusiva la siguiente entrada de mi blog.

¿Y los mucolíticos?, pues sintiendolo mucho no existe evidencia que apoye su eficacia, y por tanto su uso en niños pequeños, menos aún en lactantes. Sí, reconozco que a veces los usamos, pero fiaros más del pediatra que quiera explicaros la parrafada que os estoy contando hoy que él que os mande un mucolítico a las primera de cambio.

 

 

Para terminar me gustaría contaros algunas cosas acerca de los catarros que en ocasiones pasamos por alto y me parecen interesantes, pues creo que el conocimiento da tranquilidad y os permite afrontar mejor las situaciones a las que os enfrentáis como padres:

– Los catarros no son cosas de horas, pueden durar 2-3 semanas, y aunque parezca mucho tiempo es completamente NORMAL.

“Mi hijo siempre está malo” es una frase también NORMAL. Durante los meses frios nuestros pequeños pueden cursar de 6-8 resfriados, a veces más, si cada uno durante 2-3 semanas, pues sí, siempre está malo. Cuando vayan creciendo estos episodios irán disminuyendo, no os agobiéis.

“Mi hijo tiene los mocos en el pecho, se los oigo y al ponerle la mano se nota”. Para escuchar el “pecho” de vuestro hijo usamos el fonendoscopio, sin él es casi imposible escuchar ruidos pulmonares, los ruidos que escucháis son las secreciones de vías altas que se mueven al respirar, y por vibración se transmiten al torax, por eso cuando le ponéis la mano en el pecho os vibra, pero no, eso no es diagnóstico de bronquitis, consultad a vuestro pediatra que será quien os indique si el pequeño cursa sólo un cuadro catarral o se ha complicado.

“Voy a urgencias y no me quieren mandar nada para los mocos”. Espero que con lo que hemos hablado hoy eso haya quedado ya más o menos claro.

 

 

Espero que os haya parecido interesante la entrada. Os mando mucho ánimo a todos los papis en este inicio de curso escolar. ¡Un saludo a todos!

 

 

Ampollas y costras veraniegas

Muy buenas nuevamente a todos los que dedicáis un ratito a leer las cosillas que voy contando por aquí. Hacía tiempo que no escribía, el verano invita a ocupar el tiempo en otros menesteres. Pero ya estamos de vuelta de vacaciones, espero que hayáis podido descansar y empecéis el nuevo curso cargados de energía y buenas intenciones.

 

Hoy voy a hablaros de un tema muy frecuente en estos meses de calor, y es que raro es el día en urgencias en que no trato algún caso como este. Niño de edad variable que de pronto empieza con una lesión a modo de vesícula – ampolla, en la cara u otro sitio, que parece que no es nada pero que con el paso de los días se extiende y empieza a coger un aspecto feo como de costra amarilla.

Eso que he descrito se llama impétigo, adjunto una foto:

  impetigo

 

Los impétigos son infecciones bacterianas de la piel, muy frecuentes en niños en meses calurosos. Habitualmente a partir de una pequeña herida previa (picadura, erosión, arañazo…) comienzan a proliferar pequeñas bacterias (estafilococo o estreptococos), dando como resultado esas lesiones vesiculosas en algunos casos, o algo más grandes hasta formar ampollas en otros. Cuando esas lesiones se rompen, cosas que ocurre con relativa rapidez, se empiezan a formar unas costras amarillentas muy características, esto será suficiente para que vuestro pediatra pueda establecer el diagnóstico y pautaros un tratamiento.

 

¿Porqué ocurre?. No os alarméis ni busquéis un contagio raro o algo que haya podido tocar vuestro hijo. Simplemente los niños se hacen heridas, lo sabemos todos, y esa pérdida de barrera de la piel la aprovechan las bacterias con las que convivimos para crecer y provocar la infección, poco se puede hacer para prevenirlo. Lo que si está en vuestras manos es no perder tiempo cuando lo veáis, pues vuestros hijos al rascarse pueden extenderlo a otros sitios y empeorar el cuadro.

   ¿Cómo se trata?. Los que habéis leído mis otras entradas seguro que ya sabéis la respuesta. Estamos ante una infección bacteriana, por tanto el tratamiento lo haremos con un antibiótico, ¿fácil no?. Aquí tenemos dos opciones, si son poquitas lesiones y las tenemos bien localizadas en una zona accesible, el tratamiento lo haremos con una cremita antibiótica (mupirocina o ácido fusídico habitualmente); por el contrario si está muy extendido o en zonas de difícil acceso, la crema no ha dado resultado o ya han aparecido lesiones en otros familiares o compañeros de clase, lo mejor es poner el antibiótico vía oral (vuestro pediatra conoce que gérmenes causan esa infección y sabrá elegir el antibiótico más eficaz contra ellos).

 

Espero que os haya vuelto a resultar interesante la entrada, seguiré escribiendo y atendiendo vuestras consultas. Y no olvidéis disfrutar de vuestros hijos, ahora más que nunca con el inicio del cole os necesitan, ¡dedicadles todo el tiempo que podáis!.

 

 

¡Pica pica!

Hago un parón en el descanso vacacional, para hablaros de las picaduras, fundamentalmente las producidas por los mosquitos, aunque también hablaré un poco de nuestros amigos los himenópteros (abejas y avispas). Y es que es ahora, en verano, cuando aumenta su presencia y sus picaduras nos causan las molestias que todos conocemos.

Como siempre intento, seré lo más resumido posible, hablaré de que podemos hacer para evitar que nos piquen, como actuar si por desgracia ya lo han hecho, y cuando deberemos preocuparnos (porque sí, hay casos en los que deberemos preocuparnos, pero tranquilos, son los menos).

 

Los mosquitos, esos insectos desagradables que tienen la mala costumbre de acercarse a nuestro oído en las noche de verano para dificultarnos el sueño, suelen vivir muy a gusto en la vegetación cercana a ríos y torrentes, por ello, evitar la contaminación de los ríos debería ser la primera medida para controlarlos a ellos y a sus picaduras.

¿Porqué nos pican?. Bueno, pues tienen sus motivos. Las avispas y abejas suelen hacerlo simplemente como mecanismo defensivo, por tanto, habitualmente si no se sienten atacadas no pican, así que hay que dejarlas tranquilas. Los mosquitos, mejor dicho “las mosquitas” (pican más las hembras), lo hacen porque necesitan de nuestra sangre para la puesta de sus huevos, ¡somos donantes involuntarios en favor de la perpetuación de su especie!, ¡que bonito!

¿Cómo podemos prevenir que nos piquen?. Inicialmente evitar la exposición, huir de zonas con alta población de mosquitos y proteger la vivienda con barreras físicas (mosquiteras). Si aún así vamos a estar irremediablemente expuestos a sus picaduras disponemos de repelentes para hacérselo un poco más difícil. Dentro del mundo de los repelentes tenéis que saber que existen naturales (ej. citronella) y químicos (ej. DEET-Goibi), siendo estos últimos los más eficaces, además de ser seguros, pues su absorción es mínima, y serían los más recomendables para nosotros y nuestros hijos a partir de los 2 años. En niños más pequeños, de 1-2 años, existen alternativas aún más seguras como los repelentes IR3535 (Ej. ISDIN), reservando la citronella para los menores de un año. Los complementos tipo pulsera, deben ser eso, complementos de los repelentes.  (http://boticariagarcia.com/cual-es-el-mejor-repelente-de-mosquitos/).

 

Ya me han picado, ¿y ahora qué?. Como puse más arriba, la reacción a la picadura va a depender de la sensibilidad de cada persona, a algunas sólo les provocará una pequeña pápula y a otras una inflamación importante. En general las reacciones locales suelen ser leves-moderadas, y aplicando frio en la zona, antihistamínicos orales y en ocasiones corticoides tópicos suele ser suficiente. Habrá que estar atentos a posibles complicaciones, la más frecuente la celulitis infecciosas, si veis que la zona de la picadura se pone muy inflamada, caliente, dura y con un color intenso, está más que justificado que consultéis con vuestro pediatra o por urgencias.

Capítulo a parte son las reacciones graves sistémicas tras una picadura, infrecuentes en general, aunque un poco más probables cuando las causantes son avispas o abejas. Hay personas alérgicas que tras una picadura por estos insectos pueden comenzar con inflamación de la cara, vómitos e incluso dificultad para respirar, son las temidas reacciones anafilácticas, en este caso la recomendación tiene que ser siempre: corriendo para urgencias o llamar a las asistencias sanitarias.

 

 

Espero que esta entrada os haya ayudado un poco. Y sin más desearos que sigáis disfrutando de las vacaciones los que estáis en ellas y que lleguen pronto para los que estáis a la espera, y si ya os las habéis tomado… ¡las Navidades están a la vuelta de la esquina!.

Felices vacaciones

Esta semana no toca entrada científico-divulgativa. Y no toca porque este blog tiene un título claro y tengo que hacer honor a él. Antes padre, siempre.

Estamos en verano, tiempo habitual de vacaciones, fijas para los más pequeños. A eso dedicaré unas palabras, entre otras cosas porque mañana empiezo las mías.

 

Os “obligo” a pasar tiempo con vuestros hijos, correr, saltar, caer, reír, desesperarse si toca, maldecir de vez en cuando, y disfrutad, siempre disfrutad. Olvidaos del móvil, del reloj, cambiad los horarios, o directamente no los tengáis.

 

Cuando no quiera dormir, no durmáis, es verano, acostaos tarde, jugad hasta que se os cierren los ojos, mirad el cielo, leed cuentos.

Cuando se manche, pensad que llegará el día en que no lo hará, que la ropa es ropa y se puede lavar.

Cuando tenga una rabieta, dadle cariño, respirad profundo y pensad que cuando se le pase os querrá aún más.

Cuando se levante a las siete de la mañana, saltad con él en la cama, id a comprar churros, bajad temprano a la playa, tienes un maravilloso día por delante, aprovéchalo.

Cuando se pelee o pegue a su hermano, enséñale a quererlo en vez de regañarle, seguro que aunque lo haga, su cariño es mayor y con tu ayuda aprenderá a demostrarlo.

Cuando mamá esté cansada, coge a los niños y pasea, piensa que puedes enseñarles que aún nunca hayan visto: un caracol, una flor, un parque nuevo… mamá volverá más descansada, y tendréis mil cosas que contarle.

 

Enseña a tus hijos, comparte el tiempo que es lo más valioso que tenemos, y aprende de ellos, sí, aprende de ellos.

 

Antes de desearos felices vacaciones os contaré una última cosa:

Ayer fui con mi hijo de 3 años al cine, era su primera vez, fue increíble, me encantaría ver por los ojos que tenía él ayer, fascinado por aquella pantalla tan grande, tan bonita, con esa música tan maravillosa que salía por todos lados. Pensé que había perdido la capacidad de impresionarme, por eso a todos los consejos anteriores añadiré otro: dejaos impresionar, sea cual sea el sitio al que vayáis de vacaciones, o simplemente si os quedáis en vuestra ciudad, tened la capacidad de valorar una puesta de sol, una cerveza fresquita frente al mar, una canción en la radio, el choque de las olas contra un acantilado… Yo prometo intentarlo.

 

 

FELICES VACACIONES A TODOS.

 

 

 

 

“Mi hijo es alérgico a la lactosa”

¿Alergia o intolerancia?, ¿proteínas de la leche o lactosa?, ¿qué leche tiene que tomar entonces mi hijo?, ¿qué le puede pasar si toma leche “normal”?, ¿podrá tomar leche “normal” alguna vez?…

En consulta siempre me detengo a explicar bien este tema, aún así, muchas veces, tengo la sensación de que los padres salís con las ideas sólo “medio” claras, y si vosotros no os aclaráis del todo no os quiero ni contar el lío que supone para terceras personas (abuelos, maestros, cuidadores…). Voy a intentar explicar y simplificar la diferencia entre alergia a proteínas de la leche de vaca e intolerancia a la lactosa, dos entidades totalmente distintas que sólo comparten la leche como vínculo común. 

 

De manera muy resumida tenéis que saber que la leche de vaca tiene proteínas por un lado e hidratos de carbono (lactosa) por otro.

 

Algunos niños tienen anticuerpos en su sangre dirigidos contra esas proteínas de la leche de la vaca, por lo que al ingerirla se desencadena una respuesta que puede ir desde “manchas” en la cara alrededor de la boca o vómitos, hasta una verdadera reacción anafiláctica que comprometa su vida. Estos niños suelen diagnosticarse en el primer año de vida ante los primeros contactos con la leche de vaca, y haciendo una analítica podemos detectar esos anticuerpos, su diagnóstico será por tanto ALERGIA A LA PROTEÍNA DE LA LECHE DE VACA (APLV). La confusión con las intolerancias proviene de que en algunos niños no se detectaban esos anticuerpos en sangre, aún pasándoles lo mismo al tomar leche, y se les ponía el diagnóstico (aún todavía se ve) de Intolerantes a la Proteína de la Leche de Vaca (IPLV), como era un término erróneo que llevaba a equívocos ahora se les prefiere poner el diagnóstico de APLV no mediada por anticuerpos. Más fácil ¿verdad?.

Como sabemos que en estos niños el problema reside en la alergia a las proteínas que contiene la leche de vaca, el tratamiento es obvio, hay que retirar de su dieta aquellos alimentos que contengan proteínas de la leche de vaca (PLV). Para ello existen fórmulas especiales, hidrolizadas, que podrán tomar, siempre y cuando no esté con lactancia materna, en cuyo caso habrá que potenciarla pues siempre será la mejor alternativa. Además tendréis que tener mucho cuidado pues otros alimentos pueden contener PLV: yogures, galletas, cereales… no queda otra que estar atento y hacer una dieta libre de PLV.

¿Es para siempre?. No. La mayoría de niños con APLV son capaces de tolerar PLV antes de los 2 años de vida. Vuestro pediatra os informará cuando repetir las pruebas en sangre, y cuando esos anticuerpos hayan desaparecido hacer una prueba de provocación para ver si vuestro hijo puede tomar ya PLV.

 

Por otro lado tenemos la lactosa, como hemos dicho antes, un hidrato de carbono. La lactosa está presente en todas las leches, incluida la materna, y para poder “digerirla” necesita de una enzima llamada: lactasa. Pues bien, algunas personas tienen una menor cantidad de lactasa, por tanto no son capaces de digerir toda la lactosa, esta lactosa restante no digerida va a fermentar en nuestro intestino y va a dar lugar a “gases” y por tanto: dolor abdominal, deposiciones diarreicas y explosivas, flatulencias, distensión de abdomen…

Para diagnosticar a un pequeño de Intolerancia a la Lactosa a veces es suficiente con eliminar la lactosa de la dieta y comprobar que desaparecen los molestos síntomas. También se puede diagnosticar con un test que miden la cantidad de hidrogeno que respiramos tras dar una ingesta abundante de lactosa, vuestro pediatra sabrá cuando estaría indicado solicitarlo.

El “tratamiento” lógico sería restringir la lactosa de la dieta, sí y no. Tenéis que saber que, aunque existe, la ausencia completa de lactasa es muy muy infrecuente, siempre tenemos algo de enzima, y por tanto somos capaces de tolerar cierta cantidad de lactosa: a veces un yogur, un poco de queso… Por tanto tendremos que ajustar la dieta a la capacidad individual para tolerar la lactosa, siendo a veces necesario usar leches SIN lactosa, que nada tienen que ver con las fórmulas hidrolizadas nombradas anteriormente.

 

Si habéis conseguido leer hasta el final me daré pos satisfecho si releéis el titulo y os echáis las manos a la cabeza. ¡Feliz verano a todos!

“La Leche”

Vamos a hablar de la leche, un alimento fundamental que nos acompaña desde que nacemos y nos plantea numerosas dudas durante el crecimiento de nuestros hijos. Antes de comenzar, me gustaría dejar claro que este tema daría para una tesis doctoral, pretendo únicamente exponer mi opinión personal, fundamentada como siempre en evidencias científicas e intentando ajustarla siempre a la práctica del día a día como padres.

 

La leche va a ser el alimento principal de nuestros niños durante todo su primer año de vida, y el alimento exclusivo durante los primeros seis meses, así como suena, no hace falta darle nada más que leche durante los seis primeros meses, siempre como norma general y siendo flexibles (se puede probar algún alimento antes de esa edad, pero no es necesario). Sin pretender que nadie se sienta mal ni se culpabilice por ello tengo que dejar claro que la mejor leche en este periodo es la MATERNA, sin más, tanto nutricionalmente como vehículo de transmisión de inmunoglobulinas (defensas), no hay nada mejor, por eso los que me conocen saben que intento potenciar la lactancia materna desde la consulta, en la mayoría de los casos es posible y satisfactoria para madre e hijo. En aquellos casos en que no se de lactancia materna, por el motivo que sea (ya hablaremos de ella en más profundidad otro día), existen leches artificiales (elaboradas a partir de leche de vaca), que varían su composición para adaptarse a las necesidades nutricionales del niño, así en este periodo tendríamos las leches de inicio hasta los seis meses y de continuación hasta el año.

Durante los primeros 6 meses, en caso de dar lactancia materna nos olvidamos de las cantidades, el niño mamará a demanda y de manera natural obtendrá la cantidad de leche que necesite para crecer sano. Es muy posible que sigan haciendo muchas tomas a pesar de pasar los meses o que tengan rachas en que sin saber porqué aumente la frecuencia de las tomas, no os preocupéis, disfrutad de la lactancia (cuando pase no volverá) y ponéoslo al pecho cuando os lo pida. En caso de dar lactancia artificial se puede regular un poco más el cuando y el cómo, aunque hay niños que toman los biberones un poco a demanda y variando la cantidad en cada toma, por regla general aumentaréis la cantidad de biberón conforme crezca el pequeño (fijaros en como tolera la cantidad que le dais y en como se encuentra de sano y de peso, dos niños de la misma edad van a necesitar cantidades de leche diferentes para crecer igual de sanos).

A partir de los 6 meses, iremos introduciendo la alimentación complementaria (tema a parte, jeje) pero la leche seguirá siendo el alimento principal, si es leche materna la cantidad se seguirá regulando sola y poco a poco el pequeño irá probando nuevos alimentos y comiendo más “sólido”. En caso de empezar con leche de continuación tendremos que asegurar en este periodo una ingesta mínima de 500 ml al día para cubrir las necesidades.

 

A partir del año de vida, la leche sigue siendo un alimento muy importante, y lo será durante la infancia de nuestros hijos, ya que tiene una gran variedad y densidad de nutrientes, con un equilibrio excelente entre proteínas, grasas e hidratos de carbono, y supone un gran aporte de calcio de fácil asimilación. Mi recomendación es (por supuesto además de seguir con lactancia materna) continuar con una leche adaptada a la edad del pequeño, continuación o crecimiento, unas 2-3 raciones al día (equivalencia de una ración en diferentes lácteos – anexo 1). Además a partir del año podemos dar otros lácteos como son yogures, quesos, quesitos… A partir de los 2 años aconsejo hacer la transición a cómo tomará la leche durante el resto de su infancia, por tanto debemos ir olvidando los biberones (por favor no eternicéis los biberones hasta los 4-6 años, no le hacéis ningún bien a vuestro hijo) e iniciar una leche de vaca ENTERA (nada de leches desnatadas o semidesnatadas).

Durante el resto de su infancia las recomendaciones de ingesta de leche se mantendrán en 2-3 raciones al día, excepto durante la adolescencia,  donde el crecimiento se acelera por lo que se recomiendan de 3-4 raciones al día, jugando con los diferentes tipos de lácteos y, salvo recomendación justificada por vuestro pediatra, ofreciendo leche entera de vaca.

 

 

Como os he comentado al inicio, este es un tema muy amplio, y tampoco quiero hacer una entrada demasiado larga que en vez de informar aburra, por tanto quedo a vuestra disposición para intentar resolver dudas que puedan surgir. Feliz semana a todos.

Anexo 1 

Mi hijo tiene un soplo

Diez de la mañana de un lunes de Junio, paso a Pablito y a sus padres a consulta. Pablo es un bebé sano de 4 meses, alimentado sólo con pecho y que irradia felicidad. Sus padres son jóvenes, cariñosos y excelentes cuidadores. Me cuentan angustiados que la semana pasada acercaron al pequeño a urgencias porque estaba resfriado y el médico que lo vio les dijo que tenía un “soplo”, ¿Juan cómo es posible que no nos hayamos dado cuenta antes?, ¿es grave?, ¿se cura?.”

 

Mi experiencia profesional me dice que la palabra soplo es de las cosas que más puede alarmar a un padre, imagino que al tratarse del corazón se presupone gravedad y la angustia surge irremediablemente. También sospecho que de esto tenemos mucha culpa los pediatras, por no pararnos, a veces, diez minutos a explicar que es eso de un soplo. Pues bien, vamos a arreglarlo, intentaré explicarlo de la manera más sencilla y didáctica posible.

 

Lo primero que debéis tener claro es que un soplo es simplemente un ruido. Tal cuál. Cuando un médico os diga que explorando a vuestro hijo le ha escuchado un soplo, es eso mismo lo que os quiere decir, que le ha escuchado un ruido, un ruido como de soplar, así de simple, no os está diciendo que vuestro hijo tenga una cardiopatía compleja que ponga en riesgo su vida. Las enfermedades más importantes del corazón, gracias a los avances médicos, son diagnosticadas prenatalmente, lo normal es que el ginecólogo lo detecte durante el embarazo y los neonatólogos estén avisados antes del parto.

 

Pero entonces, ¿porqué se escucha ese soplo?. Aquí es donde debemos centrar la explicación, entendiendo el porqué seguro que despejamos muchas dudas y estaréis más tranquilos. Nuestro corazón está compuesto por cuatro “habitaciones”, una aurícula derecha que comunica con el ventrículo derecho y una aurícula izquierda que comunica con el ventrículo izquierdo. Entre esas habitaciones existen unas “puertas” llamadas válvulas, y además hay otras “puertas” que van a comunicar los ventrículos con los grandes vasos que llevarán la sangre por todo el cuerpo. Pues bien, cuando ponemos el fonendoscopio en el pecho de vuestro hijo escuchamos como las puertas se cierran de golpe y de dos en dos, se oye entonces: pum-pum, pum-pum, pum-pum. Bien, pues los bebés, al tener poca grasa y hueso en su pecho, nos permiten oír muy bien con el fonendo, y en ocasiones podemos escuchar como suena la sangre al pasar de una habitación a otra, ¿os imagináis cómo se oye?, efectivamente, shhh, shhh, shhh… ¡como un soplo!. A ese ruido lo llamamos soplo funcional o soplo benigno.

Por tanto, ya sabéis que los soplos funcionales no son ninguna enfermedad, por lo tanto no se curan, ¡no hay nada de lo que curarse!, lo único que puede pasar es que con el tiempo dejen de oírse, pues al crecer el niño hueso y grasa aumentan y no somos tan finos con el fonendoscopio.

 

El único “problema” es que en ocasiones, hay pequeños defectos en el diseño del corazón: quedan pequeños orificios abiertos, las “puertas” no se forman del todo bien… Cuando la sangre pasa por esos lugares produce un ruido que también se parece a un soplido, no es exactamente igual al soplo funcional del que hemos hablado antes, pero sólo con el fonendoscopio a veces es complicado distinguirlos. Por ello, cuando el pediatra oiga ese soplo seguramente os pida una Ecografía del corazón, para ver si es un soplo funcional o un pequeño defecto, que en la mayoría de los casos va a resolver sólo y únicamente precisará de revisiones.

 

Espero haya quedado un poco más claro lo que es un “soplo”, compartidlo con amigos con niños, pues quien más quien menos conoce a alguien: ¡que de pequeño también tuvo un soplo!.

 

 

P. D.: evidentemente todo lo comentado hace referencia a soplos escuchados como hallazgo casual y en el contexto de niños sanos, si vuestro hijo además del soplo presentase otros síntomas: cansancio, sudoración, color azulado de labios… vuestro pediatra sabrá perfectamente como actuar y las pruebas complementarias se harán tan rápido necesite el niño.

¡Cuidado! ¡Niño al agua!

Siguiendo una solicitud de la semana pasada voy a tratar el tema de los ahogamientos y casi ahogamientos, pues me parece de vital importancia que los padres conozcamos el riesgo potencial que existe cuando nuestros niños están en el agua, sepamos prevenir estos accidentes y en el peor de los casos tengamos claro como actuar si llegase a producirse.

Antes de comenzar a contaros cosas os dejo la definición de ahogamiento copiada de la OMS: “insuficiencia respiratoria primaria consecuencia de la inmersión/sumersión en un medio líquido, con resultado de muerte, morbilidad o no morbilidad”. Es decir, cuando alguien se ahoga el agua (ya sea dulce o salada) que llega a los pulmones va a provocar una imposibilidad para que estos funcionen bien impidiendo por tanto una correcta   oxigenación   de   la   sangre,   y   en   el   peor   de   los   casos   una   parada cardiorrespiratoria.  Y no creáis que es infrecuente, en Europa es la segunda causa de muerte accidental en menores de 19 años.

 

Una vez definido el problema creo que el punto más importante y en el que los padres debemos jugar un papel clave es la prevención. El mayor número de ahogamientos de niños pequeños se producen en piscinas particulares o comunitarias, donde, casi exclusivamente, la vigilancia recae en los padres. De un modo práctico voy a dividir las medidas de prevención en externas y en personales:

– Externas: en este grupo incluiría aquellas medidas ajenas al niño que pueden ayudar en gran medida a su seguridad. Por ejemplo las piscinas destinadas a niños pequeños siempre deberían estar correctamente valladas y con la profundidad bien señalada. Lo ideal sería que existiese vigilancia por parte de un socorrista bien entrenado (está más que demostrado que disminuyen la mortalidad por ahogamientos), si bien su presencia nunca debe favorecer que nosotros, los padres, nos relajemos en el cuidado de nuestros pequeños.

Dentro de este grupo, y lo pongo a parte por ser lo más importante, estaría la vigilancia por nuestra parte, somos los principales garantes de la seguridad de nuestros hijos. Debemos evitar distracciones, si vamos a la playa o a la piscina es para pasar un rato agradable con nuestros hijos, no para mirar el móvil o estar de charla mientras los pequeños danzan a sus anchas. La recomendación, además, no se limita a mirar desde lejos como se bañan, lo más recomendable es tenerlos a una distancia menor a la longitud de nuestro brazo, es decir: al alcance. No debéis verlo como una obligación o una carga, todo lo contrario, disfrutad de ellos, jugad, abrazaos, chapotead juntos… pronto se harán mayores y bajarán a la playa con sus amigos intentando alejarse lo máximo posible de vosotros.

– Personales: aquí entrarían los dispositivos personales de flotación, entre ellos los clásicos flotadores y manguitos. Tener a los niños al alcance es lo ideal pero a veces hacerlo en todo momento es complicado, por ello, los dispositivos que se inflan, como los antes mencionados, no son los más recomendables, mi consejo es que optéis por los chalecos, que, con diferencia, son los más seguros. Otra medida de prevención de este grupo es enseñar a los pequeños a nadar, parece una obviedad, pero hacerlos autónomos puede salvarlos de algún apuro, aunque como en el caso de los socorristas, el que vuestro hijo sepa nadar no os puede distraer de vuestras obligaciones.

 

La vida son momentos, miles de variables que surgen de manera inesperada, decisiones tomadas en segundos, acciones imprevisibles. Por ello, aunque lo ideal sería que realizando una prevención meticulosa no se produjesen ahogamientos, estos se producen, y llegado el caso debéis saber como actuar (espero nunca os haga falta). Lo primero que tenéis que tener claro es que el pronóstico está directamente relacionado con la duración del ahogamiento, por tanto lo primero será sacar al niño del agua lo más rápido posible. Una vez fuera debéis comprobar si respira (lo ideal es que mientras tanto otra persona llame al 112), en caso de que lo haga simplemente colocarlo de lado y esperar a las asistencias; en caso de que no respire debéis iniciar una reanimación básica (anexo 1) lo antes posible y mantenerla de manera ininterrumpida hasta que lleguen las asistencias (si os encontráis solos llamad al 112 e intentad no parar más de un minuto en la reanimación). Como puse al principio el problema del ahogamiento viene de la entrada de agua a los pulmones, por tanto ni se os ocurra presionar la barriga del niño para que “escupa” agua, ese agua puede salir del estómago y en el peor de los casos ir también a sus pulmones.

 

Finalmente decir unas palabras del Ahogamiento Secundario. En los últimos veranos ha salido alguna noticia en medios de comunicación de niños que casi se ahogaban, hacían vida normal y al día siguiente empeoraban hasta incluso fallecer. Contado así entiendo que la alarma que genere sea extrema, pero debo puntualizar dos cosas: lo primero es que no es frecuente, y lo segundo es que para que se produzca necesita de un “casi ahogamiento”, es decir, un niño que sufre una inmersión accidental, que una vez “rescatado” presenta afectación del estado general, aunque posteriormente pueda recuperarse casi completamente, en estos casos el agua habrá entrado en los pulmones y pasado un tiempo el intercambio gaseoso se puede ver afectado y comenzar con síntomas de mal funcionamiento de sus pulmones. Por tanto mi recomendación es que si vuestro hijo ha tenido un incidente como el descrito y pasadas unas horas o al día siguiente comienza con mucha tos, cansancio llamativo, fatiga… llevadlo a urgencias a que lo vean; pero si se ha dado un capuzón y ha tragado agua: ¡tranquilos!, no le va a pasar nada.

 

Espero nuevamente os haya resultado práctico el tema. ¡Pasad buen fin de semana y disfrutad de San Juan!

 

Anexo 1: os dejo un enlace a un video práctico de RCP básica en niños mayores de un año https://www.youtube.com/watch?v=XopewSZdwu8&feature=relmfu

No obstante os invito a formaros en algún curso de RCP pediátrica para padres.