¡Pica pica!

Hago un parón en el descanso vacacional, para hablaros de las picaduras, fundamentalmente las producidas por los mosquitos, aunque también hablaré un poco de nuestros amigos los himenópteros (abejas y avispas). Y es que es ahora, en verano, cuando aumenta su presencia y sus picaduras nos causan las molestias que todos conocemos.

Como siempre intento, seré lo más resumido posible, hablaré de que podemos hacer para evitar que nos piquen, como actuar si por desgracia ya lo han hecho, y cuando deberemos preocuparnos (porque sí, hay casos en los que deberemos preocuparnos, pero tranquilos, son los menos).

 

Los mosquitos, esos insectos desagradables que tienen la mala costumbre de acercarse a nuestro oído en las noche de verano para dificultarnos el sueño, suelen vivir muy a gusto en la vegetación cercana a ríos y torrentes, por ello, evitar la contaminación de los ríos debería ser la primera medida para controlarlos a ellos y a sus picaduras.

¿Porqué nos pican?. Bueno, pues tienen sus motivos. Las avispas y abejas suelen hacerlo simplemente como mecanismo defensivo, por tanto, habitualmente si no se sienten atacadas no pican, así que hay que dejarlas tranquilas. Los mosquitos, mejor dicho “las mosquitas” (pican más las hembras), lo hacen porque necesitan de nuestra sangre para la puesta de sus huevos, ¡somos donantes involuntarios en favor de la perpetuación de su especie!, ¡que bonito!

¿Cómo podemos prevenir que nos piquen?. Inicialmente evitar la exposición, huir de zonas con alta población de mosquitos y proteger la vivienda con barreras físicas (mosquiteras). Si aún así vamos a estar irremediablemente expuestos a sus picaduras disponemos de repelentes para hacérselo un poco más difícil. Dentro del mundo de los repelentes tenéis que saber que existen naturales (ej. citronella) y químicos (ej. DEET-Goibi), siendo estos últimos los más eficaces, además de ser seguros, pues su absorción es mínima, y serían los más recomendables para nosotros y nuestros hijos a partir de los 2 años. En niños más pequeños, de 1-2 años, existen alternativas aún más seguras como los repelentes IR3535 (Ej. ISDIN), reservando la citronella para los menores de un año. Los complementos tipo pulsera, deben ser eso, complementos de los repelentes.  (http://boticariagarcia.com/cual-es-el-mejor-repelente-de-mosquitos/).

 

Ya me han picado, ¿y ahora qué?. Como puse más arriba, la reacción a la picadura va a depender de la sensibilidad de cada persona, a algunas sólo les provocará una pequeña pápula y a otras una inflamación importante. En general las reacciones locales suelen ser leves-moderadas, y aplicando frio en la zona, antihistamínicos orales y en ocasiones corticoides tópicos suele ser suficiente. Habrá que estar atentos a posibles complicaciones, la más frecuente la celulitis infecciosas, si veis que la zona de la picadura se pone muy inflamada, caliente, dura y con un color intenso, está más que justificado que consultéis con vuestro pediatra o por urgencias.

Capítulo a parte son las reacciones graves sistémicas tras una picadura, infrecuentes en general, aunque un poco más probables cuando las causantes son avispas o abejas. Hay personas alérgicas que tras una picadura por estos insectos pueden comenzar con inflamación de la cara, vómitos e incluso dificultad para respirar, son las temidas reacciones anafilácticas, en este caso la recomendación tiene que ser siempre: corriendo para urgencias o llamar a las asistencias sanitarias.

 

 

Espero que esta entrada os haya ayudado un poco. Y sin más desearos que sigáis disfrutando de las vacaciones los que estáis en ellas y que lleguen pronto para los que estáis a la espera, y si ya os las habéis tomado… ¡las Navidades están a la vuelta de la esquina!.

Felices vacaciones

Esta semana no toca entrada científico-divulgativa. Y no toca porque este blog tiene un título claro y tengo que hacer honor a él. Antes padre, siempre.

Estamos en verano, tiempo habitual de vacaciones, fijas para los más pequeños. A eso dedicaré unas palabras, entre otras cosas porque mañana empiezo las mías.

 

Os “obligo” a pasar tiempo con vuestros hijos, correr, saltar, caer, reír, desesperarse si toca, maldecir de vez en cuando, y disfrutad, siempre disfrutad. Olvidaos del móvil, del reloj, cambiad los horarios, o directamente no los tengáis.

 

Cuando no quiera dormir, no durmáis, es verano, acostaos tarde, jugad hasta que se os cierren los ojos, mirad el cielo, leed cuentos.

Cuando se manche, pensad que llegará el día en que no lo hará, que la ropa es ropa y se puede lavar.

Cuando tenga una rabieta, dadle cariño, respirad profundo y pensad que cuando se le pase os querrá aún más.

Cuando se levante a las siete de la mañana, saltad con él en la cama, id a comprar churros, bajad temprano a la playa, tienes un maravilloso día por delante, aprovéchalo.

Cuando se pelee o pegue a su hermano, enséñale a quererlo en vez de regañarle, seguro que aunque lo haga, su cariño es mayor y con tu ayuda aprenderá a demostrarlo.

Cuando mamá esté cansada, coge a los niños y pasea, piensa que puedes enseñarles que aún nunca hayan visto: un caracol, una flor, un parque nuevo… mamá volverá más descansada, y tendréis mil cosas que contarle.

 

Enseña a tus hijos, comparte el tiempo que es lo más valioso que tenemos, y aprende de ellos, sí, aprende de ellos.

 

Antes de desearos felices vacaciones os contaré una última cosa:

Ayer fui con mi hijo de 3 años al cine, era su primera vez, fue increíble, me encantaría ver por los ojos que tenía él ayer, fascinado por aquella pantalla tan grande, tan bonita, con esa música tan maravillosa que salía por todos lados. Pensé que había perdido la capacidad de impresionarme, por eso a todos los consejos anteriores añadiré otro: dejaos impresionar, sea cual sea el sitio al que vayáis de vacaciones, o simplemente si os quedáis en vuestra ciudad, tened la capacidad de valorar una puesta de sol, una cerveza fresquita frente al mar, una canción en la radio, el choque de las olas contra un acantilado… Yo prometo intentarlo.

 

 

FELICES VACACIONES A TODOS.

 

 

 

 

“Mi hijo es alérgico a la lactosa”

¿Alergia o intolerancia?, ¿proteínas de la leche o lactosa?, ¿qué leche tiene que tomar entonces mi hijo?, ¿qué le puede pasar si toma leche “normal”?, ¿podrá tomar leche “normal” alguna vez?…

En consulta siempre me detengo a explicar bien este tema, aún así, muchas veces, tengo la sensación de que los padres salís con las ideas sólo “medio” claras, y si vosotros no os aclaráis del todo no os quiero ni contar el lío que supone para terceras personas (abuelos, maestros, cuidadores…). Voy a intentar explicar y simplificar la diferencia entre alergia a proteínas de la leche de vaca e intolerancia a la lactosa, dos entidades totalmente distintas que sólo comparten la leche como vínculo común. 

 

De manera muy resumida tenéis que saber que la leche de vaca tiene proteínas por un lado e hidratos de carbono (lactosa) por otro.

 

Algunos niños tienen anticuerpos en su sangre dirigidos contra esas proteínas de la leche de la vaca, por lo que al ingerirla se desencadena una respuesta que puede ir desde “manchas” en la cara alrededor de la boca o vómitos, hasta una verdadera reacción anafiláctica que comprometa su vida. Estos niños suelen diagnosticarse en el primer año de vida ante los primeros contactos con la leche de vaca, y haciendo una analítica podemos detectar esos anticuerpos, su diagnóstico será por tanto ALERGIA A LA PROTEÍNA DE LA LECHE DE VACA (APLV). La confusión con las intolerancias proviene de que en algunos niños no se detectaban esos anticuerpos en sangre, aún pasándoles lo mismo al tomar leche, y se les ponía el diagnóstico (aún todavía se ve) de Intolerantes a la Proteína de la Leche de Vaca (IPLV), como era un término erróneo que llevaba a equívocos ahora se les prefiere poner el diagnóstico de APLV no mediada por anticuerpos. Más fácil ¿verdad?.

Como sabemos que en estos niños el problema reside en la alergia a las proteínas que contiene la leche de vaca, el tratamiento es obvio, hay que retirar de su dieta aquellos alimentos que contengan proteínas de la leche de vaca (PLV). Para ello existen fórmulas especiales, hidrolizadas, que podrán tomar, siempre y cuando no esté con lactancia materna, en cuyo caso habrá que potenciarla pues siempre será la mejor alternativa. Además tendréis que tener mucho cuidado pues otros alimentos pueden contener PLV: yogures, galletas, cereales… no queda otra que estar atento y hacer una dieta libre de PLV.

¿Es para siempre?. No. La mayoría de niños con APLV son capaces de tolerar PLV antes de los 2 años de vida. Vuestro pediatra os informará cuando repetir las pruebas en sangre, y cuando esos anticuerpos hayan desaparecido hacer una prueba de provocación para ver si vuestro hijo puede tomar ya PLV.

 

Por otro lado tenemos la lactosa, como hemos dicho antes, un hidrato de carbono. La lactosa está presente en todas las leches, incluida la materna, y para poder “digerirla” necesita de una enzima llamada: lactasa. Pues bien, algunas personas tienen una menor cantidad de lactasa, por tanto no son capaces de digerir toda la lactosa, esta lactosa restante no digerida va a fermentar en nuestro intestino y va a dar lugar a “gases” y por tanto: dolor abdominal, deposiciones diarreicas y explosivas, flatulencias, distensión de abdomen…

Para diagnosticar a un pequeño de Intolerancia a la Lactosa a veces es suficiente con eliminar la lactosa de la dieta y comprobar que desaparecen los molestos síntomas. También se puede diagnosticar con un test que miden la cantidad de hidrogeno que respiramos tras dar una ingesta abundante de lactosa, vuestro pediatra sabrá cuando estaría indicado solicitarlo.

El “tratamiento” lógico sería restringir la lactosa de la dieta, sí y no. Tenéis que saber que, aunque existe, la ausencia completa de lactasa es muy muy infrecuente, siempre tenemos algo de enzima, y por tanto somos capaces de tolerar cierta cantidad de lactosa: a veces un yogur, un poco de queso… Por tanto tendremos que ajustar la dieta a la capacidad individual para tolerar la lactosa, siendo a veces necesario usar leches SIN lactosa, que nada tienen que ver con las fórmulas hidrolizadas nombradas anteriormente.

 

Si habéis conseguido leer hasta el final me daré pos satisfecho si releéis el titulo y os echáis las manos a la cabeza. ¡Feliz verano a todos!

“La Leche”

Vamos a hablar de la leche, un alimento fundamental que nos acompaña desde que nacemos y nos plantea numerosas dudas durante el crecimiento de nuestros hijos. Antes de comenzar, me gustaría dejar claro que este tema daría para una tesis doctoral, pretendo únicamente exponer mi opinión personal, fundamentada como siempre en evidencias científicas e intentando ajustarla siempre a la práctica del día a día como padres.

 

La leche va a ser el alimento principal de nuestros niños durante todo su primer año de vida, y el alimento exclusivo durante los primeros seis meses, así como suena, no hace falta darle nada más que leche durante los seis primeros meses, siempre como norma general y siendo flexibles (se puede probar algún alimento antes de esa edad, pero no es necesario). Sin pretender que nadie se sienta mal ni se culpabilice por ello tengo que dejar claro que la mejor leche en este periodo es la MATERNA, sin más, tanto nutricionalmente como vehículo de transmisión de inmunoglobulinas (defensas), no hay nada mejor, por eso los que me conocen saben que intento potenciar la lactancia materna desde la consulta, en la mayoría de los casos es posible y satisfactoria para madre e hijo. En aquellos casos en que no se de lactancia materna, por el motivo que sea (ya hablaremos de ella en más profundidad otro día), existen leches artificiales (elaboradas a partir de leche de vaca), que varían su composición para adaptarse a las necesidades nutricionales del niño, así en este periodo tendríamos las leches de inicio hasta los seis meses y de continuación hasta el año.

Durante los primeros 6 meses, en caso de dar lactancia materna nos olvidamos de las cantidades, el niño mamará a demanda y de manera natural obtendrá la cantidad de leche que necesite para crecer sano. Es muy posible que sigan haciendo muchas tomas a pesar de pasar los meses o que tengan rachas en que sin saber porqué aumente la frecuencia de las tomas, no os preocupéis, disfrutad de la lactancia (cuando pase no volverá) y ponéoslo al pecho cuando os lo pida. En caso de dar lactancia artificial se puede regular un poco más el cuando y el cómo, aunque hay niños que toman los biberones un poco a demanda y variando la cantidad en cada toma, por regla general aumentaréis la cantidad de biberón conforme crezca el pequeño (fijaros en como tolera la cantidad que le dais y en como se encuentra de sano y de peso, dos niños de la misma edad van a necesitar cantidades de leche diferentes para crecer igual de sanos).

A partir de los 6 meses, iremos introduciendo la alimentación complementaria (tema a parte, jeje) pero la leche seguirá siendo el alimento principal, si es leche materna la cantidad se seguirá regulando sola y poco a poco el pequeño irá probando nuevos alimentos y comiendo más “sólido”. En caso de empezar con leche de continuación tendremos que asegurar en este periodo una ingesta mínima de 500 ml al día para cubrir las necesidades.

 

A partir del año de vida, la leche sigue siendo un alimento muy importante, y lo será durante la infancia de nuestros hijos, ya que tiene una gran variedad y densidad de nutrientes, con un equilibrio excelente entre proteínas, grasas e hidratos de carbono, y supone un gran aporte de calcio de fácil asimilación. Mi recomendación es (por supuesto además de seguir con lactancia materna) continuar con una leche adaptada a la edad del pequeño, continuación o crecimiento, unas 2-3 raciones al día (equivalencia de una ración en diferentes lácteos – anexo 1). Además a partir del año podemos dar otros lácteos como son yogures, quesos, quesitos… A partir de los 2 años aconsejo hacer la transición a cómo tomará la leche durante el resto de su infancia, por tanto debemos ir olvidando los biberones (por favor no eternicéis los biberones hasta los 4-6 años, no le hacéis ningún bien a vuestro hijo) e iniciar una leche de vaca ENTERA (nada de leches desnatadas o semidesnatadas).

Durante el resto de su infancia las recomendaciones de ingesta de leche se mantendrán en 2-3 raciones al día, excepto durante la adolescencia,  donde el crecimiento se acelera por lo que se recomiendan de 3-4 raciones al día, jugando con los diferentes tipos de lácteos y, salvo recomendación justificada por vuestro pediatra, ofreciendo leche entera de vaca.

 

 

Como os he comentado al inicio, este es un tema muy amplio, y tampoco quiero hacer una entrada demasiado larga que en vez de informar aburra, por tanto quedo a vuestra disposición para intentar resolver dudas que puedan surgir. Feliz semana a todos.

Anexo 1 

Mi hijo tiene un soplo

Diez de la mañana de un lunes de Junio, paso a Pablito y a sus padres a consulta. Pablo es un bebé sano de 4 meses, alimentado sólo con pecho y que irradia felicidad. Sus padres son jóvenes, cariñosos y excelentes cuidadores. Me cuentan angustiados que la semana pasada acercaron al pequeño a urgencias porque estaba resfriado y el médico que lo vio les dijo que tenía un “soplo”, ¿Juan cómo es posible que no nos hayamos dado cuenta antes?, ¿es grave?, ¿se cura?.”

 

Mi experiencia profesional me dice que la palabra soplo es de las cosas que más puede alarmar a un padre, imagino que al tratarse del corazón se presupone gravedad y la angustia surge irremediablemente. También sospecho que de esto tenemos mucha culpa los pediatras, por no pararnos, a veces, diez minutos a explicar que es eso de un soplo. Pues bien, vamos a arreglarlo, intentaré explicarlo de la manera más sencilla y didáctica posible.

 

Lo primero que debéis tener claro es que un soplo es simplemente un ruido. Tal cuál. Cuando un médico os diga que explorando a vuestro hijo le ha escuchado un soplo, es eso mismo lo que os quiere decir, que le ha escuchado un ruido, un ruido como de soplar, así de simple, no os está diciendo que vuestro hijo tenga una cardiopatía compleja que ponga en riesgo su vida. Las enfermedades más importantes del corazón, gracias a los avances médicos, son diagnosticadas prenatalmente, lo normal es que el ginecólogo lo detecte durante el embarazo y los neonatólogos estén avisados antes del parto.

 

Pero entonces, ¿porqué se escucha ese soplo?. Aquí es donde debemos centrar la explicación, entendiendo el porqué seguro que despejamos muchas dudas y estaréis más tranquilos. Nuestro corazón está compuesto por cuatro “habitaciones”, una aurícula derecha que comunica con el ventrículo derecho y una aurícula izquierda que comunica con el ventrículo izquierdo. Entre esas habitaciones existen unas “puertas” llamadas válvulas, y además hay otras “puertas” que van a comunicar los ventrículos con los grandes vasos que llevarán la sangre por todo el cuerpo. Pues bien, cuando ponemos el fonendoscopio en el pecho de vuestro hijo escuchamos como las puertas se cierran de golpe y de dos en dos, se oye entonces: pum-pum, pum-pum, pum-pum. Bien, pues los bebés, al tener poca grasa y hueso en su pecho, nos permiten oír muy bien con el fonendo, y en ocasiones podemos escuchar como suena la sangre al pasar de una habitación a otra, ¿os imagináis cómo se oye?, efectivamente, shhh, shhh, shhh… ¡como un soplo!. A ese ruido lo llamamos soplo funcional o soplo benigno.

Por tanto, ya sabéis que los soplos funcionales no son ninguna enfermedad, por lo tanto no se curan, ¡no hay nada de lo que curarse!, lo único que puede pasar es que con el tiempo dejen de oírse, pues al crecer el niño hueso y grasa aumentan y no somos tan finos con el fonendoscopio.

 

El único “problema” es que en ocasiones, hay pequeños defectos en el diseño del corazón: quedan pequeños orificios abiertos, las “puertas” no se forman del todo bien… Cuando la sangre pasa por esos lugares produce un ruido que también se parece a un soplido, no es exactamente igual al soplo funcional del que hemos hablado antes, pero sólo con el fonendoscopio a veces es complicado distinguirlos. Por ello, cuando el pediatra oiga ese soplo seguramente os pida una Ecografía del corazón, para ver si es un soplo funcional o un pequeño defecto, que en la mayoría de los casos va a resolver sólo y únicamente precisará de revisiones.

 

Espero haya quedado un poco más claro lo que es un “soplo”, compartidlo con amigos con niños, pues quien más quien menos conoce a alguien: ¡que de pequeño también tuvo un soplo!.

 

 

P. D.: evidentemente todo lo comentado hace referencia a soplos escuchados como hallazgo casual y en el contexto de niños sanos, si vuestro hijo además del soplo presentase otros síntomas: cansancio, sudoración, color azulado de labios… vuestro pediatra sabrá perfectamente como actuar y las pruebas complementarias se harán tan rápido necesite el niño.

¡Cuidado! ¡Niño al agua!

Siguiendo una solicitud de la semana pasada voy a tratar el tema de los ahogamientos y casi ahogamientos, pues me parece de vital importancia que los padres conozcamos el riesgo potencial que existe cuando nuestros niños están en el agua, sepamos prevenir estos accidentes y en el peor de los casos tengamos claro como actuar si llegase a producirse.

Antes de comenzar a contaros cosas os dejo la definición de ahogamiento copiada de la OMS: “insuficiencia respiratoria primaria consecuencia de la inmersión/sumersión en un medio líquido, con resultado de muerte, morbilidad o no morbilidad”. Es decir, cuando alguien se ahoga el agua (ya sea dulce o salada) que llega a los pulmones va a provocar una imposibilidad para que estos funcionen bien impidiendo por tanto una correcta   oxigenación   de   la   sangre,   y   en   el   peor   de   los   casos   una   parada cardiorrespiratoria.  Y no creáis que es infrecuente, en Europa es la segunda causa de muerte accidental en menores de 19 años.

 

Una vez definido el problema creo que el punto más importante y en el que los padres debemos jugar un papel clave es la prevención. El mayor número de ahogamientos de niños pequeños se producen en piscinas particulares o comunitarias, donde, casi exclusivamente, la vigilancia recae en los padres. De un modo práctico voy a dividir las medidas de prevención en externas y en personales:

– Externas: en este grupo incluiría aquellas medidas ajenas al niño que pueden ayudar en gran medida a su seguridad. Por ejemplo las piscinas destinadas a niños pequeños siempre deberían estar correctamente valladas y con la profundidad bien señalada. Lo ideal sería que existiese vigilancia por parte de un socorrista bien entrenado (está más que demostrado que disminuyen la mortalidad por ahogamientos), si bien su presencia nunca debe favorecer que nosotros, los padres, nos relajemos en el cuidado de nuestros pequeños.

Dentro de este grupo, y lo pongo a parte por ser lo más importante, estaría la vigilancia por nuestra parte, somos los principales garantes de la seguridad de nuestros hijos. Debemos evitar distracciones, si vamos a la playa o a la piscina es para pasar un rato agradable con nuestros hijos, no para mirar el móvil o estar de charla mientras los pequeños danzan a sus anchas. La recomendación, además, no se limita a mirar desde lejos como se bañan, lo más recomendable es tenerlos a una distancia menor a la longitud de nuestro brazo, es decir: al alcance. No debéis verlo como una obligación o una carga, todo lo contrario, disfrutad de ellos, jugad, abrazaos, chapotead juntos… pronto se harán mayores y bajarán a la playa con sus amigos intentando alejarse lo máximo posible de vosotros.

– Personales: aquí entrarían los dispositivos personales de flotación, entre ellos los clásicos flotadores y manguitos. Tener a los niños al alcance es lo ideal pero a veces hacerlo en todo momento es complicado, por ello, los dispositivos que se inflan, como los antes mencionados, no son los más recomendables, mi consejo es que optéis por los chalecos, que, con diferencia, son los más seguros. Otra medida de prevención de este grupo es enseñar a los pequeños a nadar, parece una obviedad, pero hacerlos autónomos puede salvarlos de algún apuro, aunque como en el caso de los socorristas, el que vuestro hijo sepa nadar no os puede distraer de vuestras obligaciones.

 

La vida son momentos, miles de variables que surgen de manera inesperada, decisiones tomadas en segundos, acciones imprevisibles. Por ello, aunque lo ideal sería que realizando una prevención meticulosa no se produjesen ahogamientos, estos se producen, y llegado el caso debéis saber como actuar (espero nunca os haga falta). Lo primero que tenéis que tener claro es que el pronóstico está directamente relacionado con la duración del ahogamiento, por tanto lo primero será sacar al niño del agua lo más rápido posible. Una vez fuera debéis comprobar si respira (lo ideal es que mientras tanto otra persona llame al 112), en caso de que lo haga simplemente colocarlo de lado y esperar a las asistencias; en caso de que no respire debéis iniciar una reanimación básica (anexo 1) lo antes posible y mantenerla de manera ininterrumpida hasta que lleguen las asistencias (si os encontráis solos llamad al 112 e intentad no parar más de un minuto en la reanimación). Como puse al principio el problema del ahogamiento viene de la entrada de agua a los pulmones, por tanto ni se os ocurra presionar la barriga del niño para que “escupa” agua, ese agua puede salir del estómago y en el peor de los casos ir también a sus pulmones.

 

Finalmente decir unas palabras del Ahogamiento Secundario. En los últimos veranos ha salido alguna noticia en medios de comunicación de niños que casi se ahogaban, hacían vida normal y al día siguiente empeoraban hasta incluso fallecer. Contado así entiendo que la alarma que genere sea extrema, pero debo puntualizar dos cosas: lo primero es que no es frecuente, y lo segundo es que para que se produzca necesita de un “casi ahogamiento”, es decir, un niño que sufre una inmersión accidental, que una vez “rescatado” presenta afectación del estado general, aunque posteriormente pueda recuperarse casi completamente, en estos casos el agua habrá entrado en los pulmones y pasado un tiempo el intercambio gaseoso se puede ver afectado y comenzar con síntomas de mal funcionamiento de sus pulmones. Por tanto mi recomendación es que si vuestro hijo ha tenido un incidente como el descrito y pasadas unas horas o al día siguiente comienza con mucha tos, cansancio llamativo, fatiga… llevadlo a urgencias a que lo vean; pero si se ha dado un capuzón y ha tragado agua: ¡tranquilos!, no le va a pasar nada.

 

Espero nuevamente os haya resultado práctico el tema. ¡Pasad buen fin de semana y disfrutad de San Juan!

 

Anexo 1: os dejo un enlace a un video práctico de RCP básica en niños mayores de un año https://www.youtube.com/watch?v=XopewSZdwu8&feature=relmfu

No obstante os invito a formaros en algún curso de RCP pediátrica para padres.

 

 

 

 

Mi hijo tiene “cólico”

La experiencia profesional te enseña multitud de cosas, unas son más útiles que otras, pero siempre aprendes algo. Bueno, pues una cosa que no sabía hasta que no empecé a trabajar es que ¡diarrea y cólico son sinónimos!, en realidad creo que no lo son, pero hay mucha gente que los usa indistintamente. Sea como fuere entremos en materia: gastroenteritis.

           La gastroenteritis es una infección del tracto gastrointestinal, una infección, y como se que me leéis atentamente ya sabéis que básicamente tenemos dos posibles infecciones: virus y bacterias, efectivamente aquí también. Sin liarme mucho en el cómo, os diré que cuando el germen llega a nuestro intestino altera la funcionalidad de las células o directamente las lesiona alterando la absorción y provocando pérdida de agua y electrolitos, en el caso de que la lesión producida sea intensa también podemos llegar a ver moco y sangre, no os preocupéis, no tiene porque estar ligado con una mayor gravedad.

        Como ocurre casi siempre los virus son los principales responsables, por tanto no hace falta ya que os diga que podéis hacer con los antibióticos… efectivamente, olvidaros de ellos. Nuestro objetivo como padres es ayudar a que nuestro hijo esté lo mejor hidratado posible para que pueda combatir la infección, por tanto la clave del manejo de una gastroenteritis será la HIDRATACIÓN. He de reconocer que los padres cada vez estamos mejor formados, no obstante no puedo tratar el tema de la hidratación sin pararme un segundo en comentar la famosa bebida para deportistas, lo haré lo más fácil posible: como he dicho antes la alteración de la función del intestino hace que perdamos agua y electrolitos, lo mismo que cuando sudamos pero a la vez totalmente diferente, pues los electrolitos que perdemos son distintos, por ello la composición de esa famosa bebida no va a cubrir las necesidades de electrolitos de una diarrea, y además va a aportar un exceso de glucosa que puede agravar la diarrea por un aumento de pérdida de agua (diarrea osmótica). Por tanto NO uséis esas bebidas para hidratar a vuestro hijo, para ello disponéis de sueros de rehidratación de diferentes colores, sabores, formatos…

          El manejo por tanto es obvio en caso de que solo exísta diarrea: hidratación, hidratación e hidratación. Puede además que vuestro pediatra opte por asociar algún probiotico (“flora bacteriana buena”) para intentar volver a la normalidad lo antes posible. Lo que si está más que demostrado es que después de hidratar a vuestro pequeño y tan pronto como sus ganas lo permitan hay que reiniciar la alimentación. Una alimentación precoz acelera la recuperación, y más aún si es variada y equilibrada, evitando dietas muy restrictivas a base de arroz y manzana, así que ya sabéis, hidratarlo rápido y alimentarlo sin forzar y de manera variada. Y, por supuesto, si está con lactancia materna seguid con ella aumentando la frecuencia de las tomas si es necesario.

          ¿Y qué pasa si vomita?. En la mayoría de los casos es suficiente con dejar descansar a vuestro hijo alrededor de una hora y comenzar a hidratarlo poco a poco, con pautas que llamamos de tolerancia, pequeñas cantidades de suero de rehidratación cada 5-10 minutos, si tras 1-2 horas no ha vuelto a vomitar seguir como en el párrafo anterior.

           Aunque he comentado que las gastroenteritis virales son las más frecuentes también existen gastroenteritis bacterianas. Las podemos sospechar cuando asocian fiebre alta, sangre en las heces, dolor abdominal intenso… Aunque parece que asustan más debo insistiros que la gran mayoría curan siguiendo la misma pauta explicada antes, por regla general tampoco está indicado el uso de antibióticos, es más, el uso inapropiado puede ser incluso perjudicial (favorece resistencias, acordaos de león, hace que algunos gérmenes queden por más tiempo en el organismo…). En el caso de que se sospeche una gastroenteritis bacteriana vuestro pediatra os pedirá un cultivo de heces, por si el pequeño no evoluciona bien o la infección se prolonga saber que antibiótico poner para obetener el mayor beneficio.

         ¿Cuando acudir a urgencias?. Naturalmente debéis consultar si veis que vuestro hijo no se encuentra bien, a veces el número de diarreas o vómitos provocan una pérdida excesiva de líquidos llegando a la deshidratación, inicialmente lo notaréis porque vuestro hijo no querrá jugar, estará somnoliento, ojeroso y con la boca y lengua muy pastosa. También debéis consultar si vomita mucho en poco tiempo no permitiendo realizar en casa la pauta descrita de reposo-tolerancia, el riesgo de que se deshidrate será alto y el pediatra podrá usar algún médicamento para tratar esos vómitos. Si vuestro hijo se encuentra bien pero presenta algún síntoma de los que hemos llamado sospechoso de gastroenteritis bacteriana o la infección no cura en 5-6 días también es conveniente que lo llevéis al médico, no necesariamente a urgencias, pedir cita con vuestro pediatra, es el que mejor conoce al niño y sabrá perfectamente como estudiarlo y tratarlo en caso necesario.
Pues esto es todo. Espero os haya resultado ameno y útil,l el tema tratado, como siempre quedo abierto a vuestras opiniones y dudas. ¡Feliz Semana!

Dolores de oído

Se acerca el verano, los baños en la playa y la piscina, los niños son seres acuáticos, resistentes al remojo prolongado y con tendencia al capuzón fácil. Seguro que todos conocemos, si no nosotros mismo, alguien que alguna vez se ha quejado de dolor de oído, por ser técnicos: otalgia.

Lo que he descrito más arriba hace referencia a la típica otitis del verano, que a partir de ahora conoceremos como Otitis Externa, relacionada con la humedad, y por tanto con los baños estivales. Es conveniente como padres, que conozcamos el porqué de esta otitis y sepamos diferenciarla de otra, también frecuente, que tiene unos síntomas parecidos, aunque no los mismo, y un tratamiento diferente, la Otitis Media.

 

Huyendo de tecnicismos podemos decir que la Otitis Externa Aguda se produce por tener el oído en remojo, el exceso de humedad va a favorecer que gérmenes que habitualmente no nos causan ningún daño terminen provocando una infección en el conducto auditivo, este se inflama, se pone rojo, duele mucho (pero mucho, este es un dato muy característico, a veces el simple roce se hace insoportable) y en ocasiones se produce un líquido maloliente que sale por el oído. El germen que nos ocasiona esta infección es una bacteria (casi siempre una pseudomona, esto podéis olvidarlo si queréis) y para curarlo necesitaremos un antibiótico, como la infección está localizada en el conducto podemos tratarlo directamente allí, el pediatra os mandará unas gotas y que no se moje el oído en una temporada.

Como ya sabemos que el desencadenante de la infección es la humedad que se genera en el conducto auditivo podemos tomar ciertas medidas para intentar evitarlo. Es muy útil que al salir del agua juguemos con nuestro hijo a mover la cabeza hacia un lado y al otro para que expulse la mayor cantidad de agua, y después podemos secar el oído con una toalla, siempre “por fuera”, nada de bastoncillos ni artilugios raros. Aquellos niños con predisposición a padecer este tipo de otitis pueden beneficiarse de tapones hechos a medida que impidan la entrada de agua.

 

Totalmente diferente es la Otitis Media Aguda (hay otros tipos pero son menos frecuentes). En este caso la infección se produce “por dentro”, en el oído medio, por detrás del tímpano, por tanto no tiene nada que ver con los baños y la humedad. Entre las causas implicadas parece estar relacionada con procesos catarrales por lo que es más frecuente en meses fríos. En este caso el dolor también existe, pero puede no ser tan intenso como en el otro tipo de otitis, y además, como ya sabemos que la infección no es del conducto, podemos también deducir que no va a ser tan evidente el típico dolor al rozar o presionar el oído. Por contra si podemos encontrar fiebre, mucosidad, e igualmente líquido purulento en el oído (si se llega a romper el tímpano, si no simplemente vuestro pediatra verá el tímpano abombado y de un color diferente).

Este tipo de otitis también está producido por bacterias (aunque diferentes al de las otitis externas, aquí las más frecuentes son: S. pneumoniae, H. influenzae y M. catharrhalis – también podéis olvidaros de estos nombres). Lo que si tenéis que saber es que un alto porcentaje de estas infecciones, aún siendo bacterianas, van a curar solas, así que si vuestro pediatra decide esperar uno o dos días a ver si el pequeño mejora confiad en él, está actuando perfectamente. No obstante sabemos que la posibilidad de curación espontánea disminuye y la de complicaciones aumenta cuanto más pequeño es el niño, por ello en menores de dos años los pediatras no solemos dudar y tratamos con antibiótico (como ya sabéis que la infección está “por dentro” seguro que no hace falta que os diga como os mandará el pediatra el antibiótico, efectivamente, oral, todo es más fácil si se piensa).

 

Espero os haya sido útil esta entrada, como en otros casos existen muchas más cosas sobre las que poder hablar pero el objetivo es hacer los temas amenos, didácticos y entretenidos. Por ello siempre estoy abierto para posibles dudas y preguntas. Un saludo a todos.

 

P.D.: no hace mucho se publicó en prensa el caso de un niño fallecido en Italia al no tratarse correctamente una Otitis, en este caso una Otitis Media. No consultaron a un pediatra, no trataron correctamente la bacteria causante con el antibiótico correcto y por ello la infección se extendió con un fatal desenlace. Seguramente si los padres hubiesen tenido la información adecuada hubiesen podido entender mejor la enfermedad que estaba cursando su hijo y hubiesen actuado de una manera diferente. Por ello los pediatras y los médicos en general tenemos la responsabilidad de no quedarnos en explicar el tratamiento, sino intentar explicar el porqué del mismo, para hacer de los papas unos cuidadores excelentes.

Una pequeña historia

          El día que hablé de la fiebre dije que no se trataba con antibióticos, aún arriesgándome a caer en el plagio, y dejando claro desde el principio que la historia no es mía, la leí un día y me encantó, os la voy a contar.

          “Un día una madre y su hijo daban un paseo por la selva mientras un león estaba escondido detrás de un matorral, al acecho. De pronto un grupo de mosquitos se lanzó hacia el niño y la madre rápidamente sacó la escopeta y empezó a disparar. Ni una sola bala consiguió acertar en los mosquitos pero el pequeño salió corriendo y evitó que le picasen. El sabio león lo había visto todo. A la semana siguiente pasó otra vez lo mismo, la madre volvió a disparar, el niño a correr y el león a observar. Y así pasaron varias semanas repitiéndose la escena, hasta que un día mientras madre e hijo daban su paseo se les cruzó el fiero león, la madre sabía que solo la escopeta podría salvarlos pero el león ya sabía cómo funcionaba y pudo esquivar las balas, por muy rápido que corriese el pequeño nunca sería suficiente…”

          Pues bien, los mosquitos son los virus, el león las bacterias y la escopeta los antibióticos. Cuando vuestro pediatra, o el que os atienda en urgencias, os diga que vuestro hijo está cursando un proceso viral tenéis que saber que no habrá ningún antibiótico eficaz, vuestro hijo será capaz de curarse solo (¡salir corriendo!) y por el contrario, si lo usáis, correis el riesgo de hacer a las bacterias resistentes no siendo ese antibiótico eficaz el día que verdaderamente lo necesite.

          Por tanto confiad en vuestro pediatra, el sabrá que infección cursa vuestro hijo y sabrá la mejor manera de enfrentarla, y ante la duda, si vuestro hijo se encuentra bien siempre será mejor una actitud expectante viendo la evolución y revisándolo tantas veces sea necesario.

          Aún reconociendo que se ha hecho un sobreuso de los antibióticos cada vez se utilizan de una manera más racional.
          Un saludo y ¡buena semana!.

Los golpes en la cabeza

Os dejo una entrada cortita y ligera para el fin de semana, además son los fines de semana los días que más tiempo pasamos con nuestros pequeños y antes o después vamos a ver como se caen. Algunos padres se alarmarán más que otros, y aún sabiendo que  habitualmente no habrá que hacer nada, es conveniente que sepáis que tenéis que vigilar y como actuar.

 

Como siempre me gusta recomendaros lo primero que debéis hacer es observar, nadie como vosotros conoce a vuestro hijo y por ello nadie va a saber antes que vosotros si hay algo que no anda bien, por eso antes de salir corriendo como alma que lleva el diablo paraos cinco segundos a mirar como se encuentra el pequeño. Lógicamente si el traumatismo ha sido muy fuerte y vuestro hijo ha perdido el conocimiento, ha vomitado o está excesivamente somnoliento debéis consultar a la mayor brevedad en un centro de urgencias llamando a las asistencias sanitarias si fuese necesario. Como esto es obvio debo centrarme en como actuar en el resto de casos, la gran mayoría, en que el pequeño se da un golpe pero después de la llantina de rigor sigue jugando

Lo primero a tener en cuenta es la edad, por normal general los traumatismo en menores de un año suelen ser desde alturas proporcionalmente más altas pues al no saber aún andar suelen caerse desde una trona, cambiador, silla, cama… además suelen impactar de una manera más directa, son pequeños y a veces no se protegen bien del impacto. Por ello en este grupo de edad os recomiendo si se ha caído y tiene un “chichón” acercarlo a urgencias, si lo encontráis bien podéis ir tranquilos, nada de imitar a Carlos Sainz por la carretera.

En los niños más grandes, una vez comprobado que se encuentran bien, va a tener mucha importancia el cómo y el donde. No es lo mismo ir corriendo y chocarse contra el marco de la puerta que caer de 9-10 escaleras, por tanto los traumatismos que llamamos de alta energía, aquellos con un mecanismo de producción intenso, requieren una valoración por un pediatra. Por otro lado no será lo mismo un traumatismo por delante de la cabeza que por detrás, primero porque los que se producen por delante suelen estar atenuados ya que el pequeño suele apoyar con los brazos para evitar el golpe mientras que las caídas hacia atrás no suelen permitir defenderse, y segundo porque los huesos de la cabeza no tienen el mismo grosor (el hueso frontal, el de la frente, suele ser más grueso y resistente que los demás).

¡Pasamos a la práctica! Tenemos un niño de 2 años y 1/2 que se ha dado un golpe en la cabeza: ¿ha sido una caída simple con un pequeño golpe en la frente y se encuentra perfectamente? – pues no pasa nada observémoslo (*ver consejos de vigilancia en anexo), quien no se ha dado un coscorrón. ¿Estaba subido en la silla de la cocina ha resbalado hacia atrás ha caído al suelo y  se ha dado directamente en la parte posterior de la cabeza? – aunque parece que está bien mejor lo acerco tranquilamente a urgencias a que lo valore el pediatra (porque se que la caída ha sido de alta energía y se ha golpeado en una zona más sensible de la cabeza). Como veis, no me cansaré de repetirlo, simplemente manteniendo la calma y observando lo que ha pasado podéis actuar de la mejor manera.

Dos apreciaciones importantes:

1) En un traumatismo craneal lo único importante es lo que pasa “dentro de la cabeza”, el chichón puede dar información al pediatra que valore al niño, pero el hecho de ponerle la famosa “barrita” y que desaparezca el hematoma no os debe cambiar vuestra actitud, haced lo que hemos explicado antes independientemente de que la barrita mágica haya hecho su trabajo.

2) En un traumatismo, aunque vayáis al pediatra y os diga que está todo bien, lo más importante es que vosotros os hagáis responsables de la vigilancia (* anexo) de vuestro hijo en las 24-48 horas siguientes al golpe. Si el pediatra lo ve u os dice que la exploración es normal, incluso si le hace una radiografía y os dice que está bien, debéis seguir vigilando a vuestro hijo, la probabilidad de que pueda ocurrir una complicación nunca será cero. Con esto no quiero alarmaros, pero en medicina la evolución es clave, y vosotros seréis los responsables y nuestros ojos en casa – siempre ante la mínima duda de que algo no va bien consultad las veces que haga falta, para eso estamos.

 

* ANEXO tce