¡Cuidado! ¡Niño al agua!

Siguiendo una solicitud de la semana pasada voy a tratar el tema de los ahogamientos y casi ahogamientos, pues me parece de vital importancia que los padres conozcamos el riesgo potencial que existe cuando nuestros niños están en el agua, sepamos prevenir estos accidentes y en el peor de los casos tengamos claro como actuar si llegase a producirse.

Antes de comenzar a contaros cosas os dejo la definición de ahogamiento copiada de la OMS: “insuficiencia respiratoria primaria consecuencia de la inmersión/sumersión en un medio líquido, con resultado de muerte, morbilidad o no morbilidad”. Es decir, cuando alguien se ahoga el agua (ya sea dulce o salada) que llega a los pulmones va a provocar una imposibilidad para que estos funcionen bien impidiendo por tanto una correcta   oxigenación   de   la   sangre,   y   en   el   peor   de   los   casos   una   parada cardiorrespiratoria.  Y no creáis que es infrecuente, en Europa es la segunda causa de muerte accidental en menores de 19 años.

 

Una vez definido el problema creo que el punto más importante y en el que los padres debemos jugar un papel clave es la prevención. El mayor número de ahogamientos de niños pequeños se producen en piscinas particulares o comunitarias, donde, casi exclusivamente, la vigilancia recae en los padres. De un modo práctico voy a dividir las medidas de prevención en externas y en personales:

– Externas: en este grupo incluiría aquellas medidas ajenas al niño que pueden ayudar en gran medida a su seguridad. Por ejemplo las piscinas destinadas a niños pequeños siempre deberían estar correctamente valladas y con la profundidad bien señalada. Lo ideal sería que existiese vigilancia por parte de un socorrista bien entrenado (está más que demostrado que disminuyen la mortalidad por ahogamientos), si bien su presencia nunca debe favorecer que nosotros, los padres, nos relajemos en el cuidado de nuestros pequeños.

Dentro de este grupo, y lo pongo a parte por ser lo más importante, estaría la vigilancia por nuestra parte, somos los principales garantes de la seguridad de nuestros hijos. Debemos evitar distracciones, si vamos a la playa o a la piscina es para pasar un rato agradable con nuestros hijos, no para mirar el móvil o estar de charla mientras los pequeños danzan a sus anchas. La recomendación, además, no se limita a mirar desde lejos como se bañan, lo más recomendable es tenerlos a una distancia menor a la longitud de nuestro brazo, es decir: al alcance. No debéis verlo como una obligación o una carga, todo lo contrario, disfrutad de ellos, jugad, abrazaos, chapotead juntos… pronto se harán mayores y bajarán a la playa con sus amigos intentando alejarse lo máximo posible de vosotros.

– Personales: aquí entrarían los dispositivos personales de flotación, entre ellos los clásicos flotadores y manguitos. Tener a los niños al alcance es lo ideal pero a veces hacerlo en todo momento es complicado, por ello, los dispositivos que se inflan, como los antes mencionados, no son los más recomendables, mi consejo es que optéis por los chalecos, que, con diferencia, son los más seguros. Otra medida de prevención de este grupo es enseñar a los pequeños a nadar, parece una obviedad, pero hacerlos autónomos puede salvarlos de algún apuro, aunque como en el caso de los socorristas, el que vuestro hijo sepa nadar no os puede distraer de vuestras obligaciones.

 

La vida son momentos, miles de variables que surgen de manera inesperada, decisiones tomadas en segundos, acciones imprevisibles. Por ello, aunque lo ideal sería que realizando una prevención meticulosa no se produjesen ahogamientos, estos se producen, y llegado el caso debéis saber como actuar (espero nunca os haga falta). Lo primero que tenéis que tener claro es que el pronóstico está directamente relacionado con la duración del ahogamiento, por tanto lo primero será sacar al niño del agua lo más rápido posible. Una vez fuera debéis comprobar si respira (lo ideal es que mientras tanto otra persona llame al 112), en caso de que lo haga simplemente colocarlo de lado y esperar a las asistencias; en caso de que no respire debéis iniciar una reanimación básica (anexo 1) lo antes posible y mantenerla de manera ininterrumpida hasta que lleguen las asistencias (si os encontráis solos llamad al 112 e intentad no parar más de un minuto en la reanimación). Como puse al principio el problema del ahogamiento viene de la entrada de agua a los pulmones, por tanto ni se os ocurra presionar la barriga del niño para que “escupa” agua, ese agua puede salir del estómago y en el peor de los casos ir también a sus pulmones.

 

Finalmente decir unas palabras del Ahogamiento Secundario. En los últimos veranos ha salido alguna noticia en medios de comunicación de niños que casi se ahogaban, hacían vida normal y al día siguiente empeoraban hasta incluso fallecer. Contado así entiendo que la alarma que genere sea extrema, pero debo puntualizar dos cosas: lo primero es que no es frecuente, y lo segundo es que para que se produzca necesita de un “casi ahogamiento”, es decir, un niño que sufre una inmersión accidental, que una vez “rescatado” presenta afectación del estado general, aunque posteriormente pueda recuperarse casi completamente, en estos casos el agua habrá entrado en los pulmones y pasado un tiempo el intercambio gaseoso se puede ver afectado y comenzar con síntomas de mal funcionamiento de sus pulmones. Por tanto mi recomendación es que si vuestro hijo ha tenido un incidente como el descrito y pasadas unas horas o al día siguiente comienza con mucha tos, cansancio llamativo, fatiga… llevadlo a urgencias a que lo vean; pero si se ha dado un capuzón y ha tragado agua: ¡tranquilos!, no le va a pasar nada.

 

Espero nuevamente os haya resultado práctico el tema. ¡Pasad buen fin de semana y disfrutad de San Juan!

 

Anexo 1: os dejo un enlace a un video práctico de RCP básica en niños mayores de un año https://www.youtube.com/watch?v=XopewSZdwu8&feature=relmfu

No obstante os invito a formaros en algún curso de RCP pediátrica para padres.

 

 

 

 

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