Felices vacaciones

Esta semana no toca entrada científico-divulgativa. Y no toca porque este blog tiene un título claro y tengo que hacer honor a él. Antes padre, siempre.

Estamos en verano, tiempo habitual de vacaciones, fijas para los más pequeños. A eso dedicaré unas palabras, entre otras cosas porque mañana empiezo las mías.

 

Os “obligo” a pasar tiempo con vuestros hijos, correr, saltar, caer, reír, desesperarse si toca, maldecir de vez en cuando, y disfrutad, siempre disfrutad. Olvidaos del móvil, del reloj, cambiad los horarios, o directamente no los tengáis.

 

Cuando no quiera dormir, no durmáis, es verano, acostaos tarde, jugad hasta que se os cierren los ojos, mirad el cielo, leed cuentos.

Cuando se manche, pensad que llegará el día en que no lo hará, que la ropa es ropa y se puede lavar.

Cuando tenga una rabieta, dadle cariño, respirad profundo y pensad que cuando se le pase os querrá aún más.

Cuando se levante a las siete de la mañana, saltad con él en la cama, id a comprar churros, bajad temprano a la playa, tienes un maravilloso día por delante, aprovéchalo.

Cuando se pelee o pegue a su hermano, enséñale a quererlo en vez de regañarle, seguro que aunque lo haga, su cariño es mayor y con tu ayuda aprenderá a demostrarlo.

Cuando mamá esté cansada, coge a los niños y pasea, piensa que puedes enseñarles que aún nunca hayan visto: un caracol, una flor, un parque nuevo… mamá volverá más descansada, y tendréis mil cosas que contarle.

 

Enseña a tus hijos, comparte el tiempo que es lo más valioso que tenemos, y aprende de ellos, sí, aprende de ellos.

 

Antes de desearos felices vacaciones os contaré una última cosa:

Ayer fui con mi hijo de 3 años al cine, era su primera vez, fue increíble, me encantaría ver por los ojos que tenía él ayer, fascinado por aquella pantalla tan grande, tan bonita, con esa música tan maravillosa que salía por todos lados. Pensé que había perdido la capacidad de impresionarme, por eso a todos los consejos anteriores añadiré otro: dejaos impresionar, sea cual sea el sitio al que vayáis de vacaciones, o simplemente si os quedáis en vuestra ciudad, tened la capacidad de valorar una puesta de sol, una cerveza fresquita frente al mar, una canción en la radio, el choque de las olas contra un acantilado… Yo prometo intentarlo.

 

 

FELICES VACACIONES A TODOS.

 

 

 

 

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“Mi hijo es alérgico a la lactosa”

¿Alergia o intolerancia?, ¿proteínas de la leche o lactosa?, ¿qué leche tiene que tomar entonces mi hijo?, ¿qué le puede pasar si toma leche “normal”?, ¿podrá tomar leche “normal” alguna vez?…

En consulta siempre me detengo a explicar bien este tema, aún así, muchas veces, tengo la sensación de que los padres salís con las ideas sólo “medio” claras, y si vosotros no os aclaráis del todo no os quiero ni contar el lío que supone para terceras personas (abuelos, maestros, cuidadores…). Voy a intentar explicar y simplificar la diferencia entre alergia a proteínas de la leche de vaca e intolerancia a la lactosa, dos entidades totalmente distintas que sólo comparten la leche como vínculo común. 

 

De manera muy resumida tenéis que saber que la leche de vaca tiene proteínas por un lado e hidratos de carbono (lactosa) por otro.

 

Algunos niños tienen anticuerpos en su sangre dirigidos contra esas proteínas de la leche de la vaca, por lo que al ingerirla se desencadena una respuesta que puede ir desde “manchas” en la cara alrededor de la boca o vómitos, hasta una verdadera reacción anafiláctica que comprometa su vida. Estos niños suelen diagnosticarse en el primer año de vida ante los primeros contactos con la leche de vaca, y haciendo una analítica podemos detectar esos anticuerpos, su diagnóstico será por tanto ALERGIA A LA PROTEÍNA DE LA LECHE DE VACA (APLV). La confusión con las intolerancias proviene de que en algunos niños no se detectaban esos anticuerpos en sangre, aún pasándoles lo mismo al tomar leche, y se les ponía el diagnóstico (aún todavía se ve) de Intolerantes a la Proteína de la Leche de Vaca (IPLV), como era un término erróneo que llevaba a equívocos ahora se les prefiere poner el diagnóstico de APLV no mediada por anticuerpos. Más fácil ¿verdad?.

Como sabemos que en estos niños el problema reside en la alergia a las proteínas que contiene la leche de vaca, el tratamiento es obvio, hay que retirar de su dieta aquellos alimentos que contengan proteínas de la leche de vaca (PLV). Para ello existen fórmulas especiales, hidrolizadas, que podrán tomar, siempre y cuando no esté con lactancia materna, en cuyo caso habrá que potenciarla pues siempre será la mejor alternativa. Además tendréis que tener mucho cuidado pues otros alimentos pueden contener PLV: yogures, galletas, cereales… no queda otra que estar atento y hacer una dieta libre de PLV.

¿Es para siempre?. No. La mayoría de niños con APLV son capaces de tolerar PLV antes de los 2 años de vida. Vuestro pediatra os informará cuando repetir las pruebas en sangre, y cuando esos anticuerpos hayan desaparecido hacer una prueba de provocación para ver si vuestro hijo puede tomar ya PLV.

 

Por otro lado tenemos la lactosa, como hemos dicho antes, un hidrato de carbono. La lactosa está presente en todas las leches, incluida la materna, y para poder “digerirla” necesita de una enzima llamada: lactasa. Pues bien, algunas personas tienen una menor cantidad de lactasa, por tanto no son capaces de digerir toda la lactosa, esta lactosa restante no digerida va a fermentar en nuestro intestino y va a dar lugar a “gases” y por tanto: dolor abdominal, deposiciones diarreicas y explosivas, flatulencias, distensión de abdomen…

Para diagnosticar a un pequeño de Intolerancia a la Lactosa a veces es suficiente con eliminar la lactosa de la dieta y comprobar que desaparecen los molestos síntomas. También se puede diagnosticar con un test que miden la cantidad de hidrogeno que respiramos tras dar una ingesta abundante de lactosa, vuestro pediatra sabrá cuando estaría indicado solicitarlo.

El “tratamiento” lógico sería restringir la lactosa de la dieta, sí y no. Tenéis que saber que, aunque existe, la ausencia completa de lactasa es muy muy infrecuente, siempre tenemos algo de enzima, y por tanto somos capaces de tolerar cierta cantidad de lactosa: a veces un yogur, un poco de queso… Por tanto tendremos que ajustar la dieta a la capacidad individual para tolerar la lactosa, siendo a veces necesario usar leches SIN lactosa, que nada tienen que ver con las fórmulas hidrolizadas nombradas anteriormente.

 

Si habéis conseguido leer hasta el final me daré pos satisfecho si releéis el titulo y os echáis las manos a la cabeza. ¡Feliz verano a todos!

“La Leche”

Vamos a hablar de la leche, un alimento fundamental que nos acompaña desde que nacemos y nos plantea numerosas dudas durante el crecimiento de nuestros hijos. Antes de comenzar, me gustaría dejar claro que este tema daría para una tesis doctoral, pretendo únicamente exponer mi opinión personal, fundamentada como siempre en evidencias científicas e intentando ajustarla siempre a la práctica del día a día como padres.

 

La leche va a ser el alimento principal de nuestros niños durante todo su primer año de vida, y el alimento exclusivo durante los primeros seis meses, así como suena, no hace falta darle nada más que leche durante los seis primeros meses, siempre como norma general y siendo flexibles (se puede probar algún alimento antes de esa edad, pero no es necesario). Sin pretender que nadie se sienta mal ni se culpabilice por ello tengo que dejar claro que la mejor leche en este periodo es la MATERNA, sin más, tanto nutricionalmente como vehículo de transmisión de inmunoglobulinas (defensas), no hay nada mejor, por eso los que me conocen saben que intento potenciar la lactancia materna desde la consulta, en la mayoría de los casos es posible y satisfactoria para madre e hijo. En aquellos casos en que no se de lactancia materna, por el motivo que sea (ya hablaremos de ella en más profundidad otro día), existen leches artificiales (elaboradas a partir de leche de vaca), que varían su composición para adaptarse a las necesidades nutricionales del niño, así en este periodo tendríamos las leches de inicio hasta los seis meses y de continuación hasta el año.

Durante los primeros 6 meses, en caso de dar lactancia materna nos olvidamos de las cantidades, el niño mamará a demanda y de manera natural obtendrá la cantidad de leche que necesite para crecer sano. Es muy posible que sigan haciendo muchas tomas a pesar de pasar los meses o que tengan rachas en que sin saber porqué aumente la frecuencia de las tomas, no os preocupéis, disfrutad de la lactancia (cuando pase no volverá) y ponéoslo al pecho cuando os lo pida. En caso de dar lactancia artificial se puede regular un poco más el cuando y el cómo, aunque hay niños que toman los biberones un poco a demanda y variando la cantidad en cada toma, por regla general aumentaréis la cantidad de biberón conforme crezca el pequeño (fijaros en como tolera la cantidad que le dais y en como se encuentra de sano y de peso, dos niños de la misma edad van a necesitar cantidades de leche diferentes para crecer igual de sanos).

A partir de los 6 meses, iremos introduciendo la alimentación complementaria (tema a parte, jeje) pero la leche seguirá siendo el alimento principal, si es leche materna la cantidad se seguirá regulando sola y poco a poco el pequeño irá probando nuevos alimentos y comiendo más “sólido”. En caso de empezar con leche de continuación tendremos que asegurar en este periodo una ingesta mínima de 500 ml al día para cubrir las necesidades.

 

A partir del año de vida, la leche sigue siendo un alimento muy importante, y lo será durante la infancia de nuestros hijos, ya que tiene una gran variedad y densidad de nutrientes, con un equilibrio excelente entre proteínas, grasas e hidratos de carbono, y supone un gran aporte de calcio de fácil asimilación. Mi recomendación es (por supuesto además de seguir con lactancia materna) continuar con una leche adaptada a la edad del pequeño, continuación o crecimiento, unas 2-3 raciones al día (equivalencia de una ración en diferentes lácteos – anexo 1). Además a partir del año podemos dar otros lácteos como son yogures, quesos, quesitos… A partir de los 2 años aconsejo hacer la transición a cómo tomará la leche durante el resto de su infancia, por tanto debemos ir olvidando los biberones (por favor no eternicéis los biberones hasta los 4-6 años, no le hacéis ningún bien a vuestro hijo) e iniciar una leche de vaca ENTERA (nada de leches desnatadas o semidesnatadas).

Durante el resto de su infancia las recomendaciones de ingesta de leche se mantendrán en 2-3 raciones al día, excepto durante la adolescencia,  donde el crecimiento se acelera por lo que se recomiendan de 3-4 raciones al día, jugando con los diferentes tipos de lácteos y, salvo recomendación justificada por vuestro pediatra, ofreciendo leche entera de vaca.

 

 

Como os he comentado al inicio, este es un tema muy amplio, y tampoco quiero hacer una entrada demasiado larga que en vez de informar aburra, por tanto quedo a vuestra disposición para intentar resolver dudas que puedan surgir. Feliz semana a todos.

Anexo 1