Bronquiolitis

Nueva entrada y, como lo prometido es deuda, con sorpresa, formato video. Deseando ver vuestras reacciones: comentarios, preguntas, sugerencias…

Es época de Bronquiolitis, y como raro es el pequeño que no está resfriado se hace imprescindible conocer un poco más esta enfermedad, espero os sea de ayuda.

 

 

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Mi hijo no quiere comer

Buenos días.

Como habréis deducido por el título de la entrada, el tema más votado en la encuesta (muchas gracias a todos por participar, me ha gustado la idea y creo que la repetiré en el futuro) es el problema de los niños con la comida. Es un tema largo, con tantos variantes como niños hay en el mundo, por ello voy a intentar acercarme de una forma general, dejándoos consejos que os puedan ayudar en el día a día y os sirvan de guía cuando vuestros hijos os saquen de vuestras casillas.

 

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Recordaos que entre los 6 meses y el primer año de vida el alimento principal de un bebé es LA LECHE, y si es la de su madre mejor, pero habitualmente no es suficiente, por ello se inicia la introducción de alimentación complementaria, de manera progresiva, variada y con cabeza.

Os recuerdo esto porque, bajo mi punto de vista, esta etapa va a ser fundamental de cara al futuro. Si tenéis claro que la leche es la base de su alimentación e incorporáis la alimentación de manera progresiva, variando texturas, favoreciendo su interés por la comida, dejando que experimente con los alimentos y olvidándoos de que “¡tiene que terminarse el potito porque es de los pequeños y ya tiene 10 meses!”, vais a conseguir que vuestro hijo tenga una relación placentera con la comida. Si por el contrario creéis, siempre con vuestra mejor voluntad, que vuestro hijo de 9 meses tiene que tomarse un potito de comida de 250 gramos y otro de fruta de 190 gramos por pantalones, a la misma hora y todos los días, vais, inconscientemente, a usar todas la argucias posibles para conseguirlo, juegos, cantes, tablets, avioncitos, enfados, gritos… os alegraréis cuando se lo tome todo, os preocuparéis cuando no lo haga, y vuestro pequeño creará una relación de ansiedad cuando sepa que va llegando la hora de comer.

 

Teniendo claro que si conseguimos una buena relación con la comida tenemos mucho trabajo ganado, hablaré de los niños en edad escolar, que suele ser la edad en la que la comida no entra en sus prioridades y nos vuelven locos con su continua negativa a comer. ¿Por qué mi hijo no quiere comer nunca?.

Lo primero que tenemos que tener claro es qué tiene que comer nuestro hijo, como tiene que comerlo, y aún más importante, qué NO tiene que comer. Son muy numerosos los niños que llegan a consulta con 3 años o más tomando potitos y biberones, por favor, tened claro que no hacéis ningún bien a vuestros hijos perpetuando el biberón o los potitos por encima de esta edad, no se los deis, y si se los dais no pidáis ayuda para mejorar su alimentación, es imposible ayudaros si no tenéis pensado cambiar vuestra propia actitud. Una vez hecho el rapapolvo explicaros que un niño de 3 años que se toma 3 biberones al día de 340 ml (¡1L todos los días!) es un niño que estará de continuo saciado con un único alimento que no cubre todas sus necesidades nutricionales, y que unido a la escasa apetencia de los pequeños por comer, va a hacer que de entrada no quiera ni probar la comida (sin comentar los problemas odontológicos del abuso del biberón).

Al igual que pasa con los biberones hay otros alimentos que los niños no deben comer y que soléis usar con frecuencia: zumos (sobre todo industriales), bollería, batidos… estos alimentos dados entre las comidas van a producir gran saciedad con un aporte excesivo de azúcares.

 

Bien, ya sabemos cosas que podemos hacer: fuera bibes, potitos, fuera picoteos, alimentos saciantes, fuera precocinados fáciles de usar y de dar. Seguimos. ¡Hago todo eso y mi hijo no quiere probar la comida!.

Ningún niño en nuestro país come por hambre, y esto es maravilloso, lo hacen en función de su apetito, hay niños con gran apetito que disfrutan comiendo (como nos pasa a los adultos) y otros, lo más, para los que comer es un puro trámite obligatorio que no le aporta ninguna satisfacción. Los padres cuyos hijos están en este último grupo, si estás leyendo esto es porque eres uno de ellos, tenéis que tener claro que nuestro objetivo no va a ser que HOY se coma el plato de comida, sino que nuestro hijo cree unos hábitos saludables en torno a la alimentación y que los mantenga para siempre, creedme, le estaréis haciendo un gran regalo.

Cosas claras.

Por encima de los 3 años vuestro hijo tiene que comer las 3S:  sólido, surtidovariado (verduras, pescados, carnes, pasta, arroz, fruta…) y solos. A la hora de comer debemos presentar un plato variado, si es atractivo mejor, e intentar comer como acto social, en el colegio con los compañeros o en casa con nosotros (los niños mejoran sus conductas fácilmente por imitación), usando el momento de la comida para relacionarnos, SIN distracciones (nada de tenedor va, tenedor viene al ritmo de los dibujitos), SIN obligar a que se coma una determinada cantidad (nosotros a veces comemos más y otras menos, no seamos rígidos), y por favor SIN PELEAS, si no quiere comer igual es porque no le apetece, finalizamos la comida, pasamos al postre y si tampoco lo quiere ya llegará la merienda o la cena, no pasa nada (¡no se va a desnutrir!). Algunos niños son “muy cabezones” y pueden forzar hasta el punto de tener hambre, entonces os aseguro comerá, claro está, si antes habéis evitado la tentación de “enchufarle” un bibe, zumo, bollo, galletas o similar.

 

 

Como padre se que a veces no es fácil poner todo esto en práctica, tened la tranquilidad de saber que no observaréis resultados inmediatos, pero estar seguros que si los hacéis bien a medio-largo plazo veréis cosas increíbles en el comportamiento de vuestros hijos.

 

 

¡Un saludo a todos!

 

¡Vaya tos más fea!

04:00 de la madrugada de una guardia cualquiera de septiembre u octubre. Las puertas de urgencias se abren y cual Usain Bolt entran dos padres a la carrera, con su hijo de 2 años en brazos al grito de: ¡no puede respirar!. Habitualmente todo este alboroto contrasta con el estado del pequeño, casi asintomático, que presencia todo como un espectador más, ajeno a la ansiedad de sus padres. Después de intentar tranquilizarlos te narran como estando el pequeño bien, a excepción de los típicos mocos, ha comenzado súbitamente a toser de una manera “muy fea”, como “perruna” y haciendo un ruido como si le faltase el aire, y ante la gravedad de lo que estaban presenciando han salido corriendo hacia el hospital.

Este relato, historia que vemos de manera frecuente en estas fechas, define perfectamente la enfermedad que vamos a tratar en esta entrada: el CRUP o Laringitis. ¡Allá vamos!.

 

A partir de ahora, y aprovechando los excelentes pacientes que tengo, intentaré hacer más visual las entradas aportando imágenes y videos, creo que puede ayudar mucho a la explicación de los temas. Y para comenzar con este nueva iniciativa que mejor paciente que mi hija, os dejo su tos de la pasada noche, seguro que muchos de vosotros os sentís identificados:

 

Pues sí, esto que escucháis es una laringitis, comprensible que tengáis la tentación de salir corriendo al escuchar a vuestro hijo así, pero vamos a saber un poco más acerca de ella.

Las Laringitis son, por regla general, infecciones virales (parainfluenza, influenza, adenovirus…) que motivan una inflamación de la vía respiratoria superior (laringe) de manera súbita (estaba bien y de pronto esa tos), ocasionando al paso del aire ese ruido tan característico – “estridor” – y esa tos metálica tan peculiar que simplemente escuchándola nos da el diagnóstico. Suelen darse en niños entre 6 meses y 3 años y son más frecuentes en esta época del año: otoño e invierno.

 

El cuadro de inflamación de la laringe puede ser más o menos severo, por ello, y antes de explicar como manejar una cuadro de laringitis, os recomiendo que si vuestro hijo comenzase con el ruido antes descrito y os da la sensación de que no puede respirar adecuadamente: hunde mucho el pecho y la zona por encima del esternón, se encuentra pálido… no dudéis en consultar en un servicio de urgencias. No obstante, lo más frecuente son cuadros leves, y son esos donde podéis jugar un papel importante a la hora de manejar correctamente a vuestro hijo y evitarle tratamientos innecesarios.

Ya sabemos que si nuestro hijo comienza con ese ruido está cursando un cuadro de laringitis. Deberemos acercarnos a él, consolarlo (para ellos es estresante despertar de madrugada con esa tos) y sacarlo a la terraza o a la ventana (esto último es importante pues la humedad ambiental relaja mucho la vía respiratoria superior, disminuyendo la inflamación). Si tras el primer contacto veis que el pequeño respira bien (a pesar de lo fea que sea la tos) os recomiendo administrar un antiinflamatorio (ibuprofeno) y ver como evoluciona. Habitualmente entre el efecto del ibuprofeno y la humedad respirada son suficientes para cortar el cuadro y poder seguir descansando el resto de la noche.

En ocasiones la tos metálica puede durar algunos días más o cursar con disfonía, en ese caso podéis continuar con ibuprofeno cada 6-8 horas para aliviar los síntomas. En otras ocasiones las laringitis igual de rápido que llegan se van y el estridor no vuelve a aparecer. Sea cual sea la evolución inicial, lo normal es que posteriormente quede un cuadro catarral con mucosidad y tos, así que ¡preparaos para 1-2 semanas siguiendo las indicaciones de las dos entradas anteriores!

 

Como siempre os digo, espero haya sido de utilidad esta entrada ya que se que es una patología muy alarmante. ¡Un saludo a tod@s!

 

Lavados nasales

Lo prometido es deuda, y después de la gran aceptación que ha tenido la entrada sobre catarros (aprovecho para daros las gracias a todos los que le dedicasteis tiempo a leerla), no quería dejar pasar demasiado tiempo sin hablaros de los lavados nasales.

 

Me parece fundamental, sobre todo en niños pequeños menores de 6 meses, tener claro cuando hay que realizar un lavado nasal. En lactantes muy pequeños, debido a la inmadurez de la vía respiratoria, es muy frecuente oír ruidos a modo de “ronquidos”, sobre todo cuando se relajan. Rápidamente creemos que están resfriados y sacamos toda la artillería: sprays de agua de mar, suero fisiológico, aspiradores de moco… pero nada, no hay manera, el ruido sigue ahí y motiva varias consultas al pediatra. Por tanto y aunque parezca obvio, realizad los lavados nasales ¡cuando veáis mocos!, los ruidos en muchas ocasiones son simplemente las vibraciones de esa vía respiratoria aún inmadura, y haciendo lavados o aspirados no conseguiremos nada.

Resuelto el misterio de los ruidos de mocos sin mocos, los lavados nasales debemos hacerlos cuando verdaderamente sean necesarios, me explico. Como en todo, debemos partir de la base de que lo que hagamos debe tener un beneficio que supere a las posibles molestias, por tanto si tenemos a nuestro pequeño con sus “velillas” más feliz que una perdiz, comiendo genial y durmiendo como un “tronco”, dejadlo tranquilo, limpiadle los mocos que vayan saliendo y listo, como ya sabéis, es posible que esas “velillas” estén ahí unos cuantos días/semanas. Si por el contrario el pequeño no puede respirar bien (respira por la boca), come fatal o los mocos no le dejan dormir tranquilo es el momento de pasar a la acción.

 

Vamos a entrar en materia. Tratado ya el tema de la “eficacia relativa” de los mucolíticos, debéis tener claro que la mejor manera de ayudar a vuestros niños a sobrellevar los catarros es realizando lavados nasales. Cuando nosotros estamos resfriados vamos siempre pegados a nuestro paquete de clínex, y tenemos que sonarnos de manera frecuente para poder respirar. A los niños les pasa lo mismo, lo único es que ellos no saben sonarse, por tanto nos necesitan.

Los sprays nasales indicados para realizar lavados (hay varias marcas comerciales) son eficaces, aunque mi preferencia cuando la congestión es importante es realizar los lavados con suero fisiológico (SSF). Pero ¿cómo hacer un lavado nasal con SSF en un niño con la nariz llena de mocos?:

Debemos cargar una jeringa con SSF (la cantidad dependerá del tamaño del niño, lactantes pequeños 2 ml puede ser suficiente, lactantes mayores y preescolares unos 5 ml), sujetamos al pequeño boca arriba y con la cabecita de lado, y aplicamos el SSF por el orificio nasal que queda más alto de manera continua y enérgica, a fin de que el suero arrastre el moco por la otra fosa nasal. A pesar de ser un alivio para ellos inicialmente les resulta molesto, por eso lloran, es conveniente que cuando comience a llorar e inmediatamente después del lavado lo incorporéis y lo pongáis mirando hacia abajo, para que moco y suero caigan por gravedad y no se atraganten.

 

¿Y cuando los mocos están en la garganta y por muchos lavados que hagamos no sale nada?. Esta pregunta es muy recurrente en urgencias, y es verdad que a veces no hay manera de hacer desaparecer esos mocos. Pues bien, si están en la garganta no hay lavado nasal que consiga echarlos hacia fuera, por tanto sólo nos queda echarlos hacia dentro, vamos que se los trague. Para ello debéis colocar al pequeño tumbado boca arriba con el cuello extendido, dejamos caer por las fosas nasales un poco de suero, no apliquéis fuerza, simplemente que caiga por gravedad, cuando el suero llegue hasta el moco el pequeño tendrá el reflejo de tragar, es el momento de cerrar con cuidado su boca y que lo haga.

 

¿Cada cuanto debo hacer un lavado nasal?. Como he dicho anteriormente los lavados nasales son para ellos como nuestros pañuelos, por tanto podéis hacerlos tantas veces los necesiten, os recomiendo sobre todo usarlos antes de las comidas y antes de dormir.

 

 

Nuevamente agradeceros el tiempo dedicado en leer estas entradas, que únicamente pretenden daros herramientas para poder tratar mejor a vuestros hijos, y que sin vosotros al otro lado no tendrían sentido.

Llegó septiembre llegaron los mocos

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         Pues sí, empezó septiembre, nuestros peques comenzaron el cole o la guarde y con él llegaron nuestros amigos los mocos. Las consultas de urgencias se llenan de padres preocupados llevando consigo niños por lo general muy sanos. Se que vuestros niños son lo más importante y bien hacéis en preocuparos por ellos, pero aquí estamos para enseñaros cuando preocuparse de verdad y cuando ser unos “malos padres”.

Cuando termina el verano y empiezan los meses fríos, los virus (y hay cientos) comienzan a proliferar, eso unido al inicio del colegio (veinte diablillos en una misma habitación tocándose, besándose y chupando mil y un objetos) hace que los catarros surjan cual epidemia, y sin darnos cuenta, a los dos o tres días de empezar la guarde/cole, tenemos a nuestro hijo con mocos, tos y fiebre.

 

¿Pero qué son los mocos?.

¿Os acordáis de lo que hablamos de la fiebre?, espero que sí, sino repasad la entrada – https://padreypediatra.wordpress.com/2017/06/08/el-principal-motivo-de-consulta/ – la fiebre es un excelente mecanismo defensivo, bueno, pues los mocos también lo son, son una secreción producida por nuestra vía respiratoria que actúa como la primera barrera defensiva que se encuentran los virus. ¿A qué ahora los veis con más cariño?. Un catarro no es sino una infección viral que afecta a la vía respiratoria superior, y está responderá produciendo esa secreción mucoide que acabamos de describir, además, como infección que es, puede provocar  la aparición de fiebre, a estas alturas todos sabéis la ecuación: fiebre + infección viral = NO antibiótico. Seguimos.

 

¿Hay algo para tratarlos?.

Como ocurría con la fiebre, los mocos a pesar de ser una ayuda contra la infección son bastante molestos, por eso los papis siempre nos pedís remedios milagrosos para que desaparezcan, pero lo siento, no exísten. Tenemos una respuesta natural para deshacernos de ellos, y esa es la tos, cuando estamos resfriados tosemos para movilizar todo ese moco que inunda la vía respiratoria, como comprenderéis cortar la tos supondría que el moco se estancase y con él todos sus virus, no parece una gran idea, así que huid de los antitusígenos (como excepción siempre me gusta dejarlos de opción para las molestas toses secas nocturnas que no dejan descansar al pequeño). Recordar que la tos también ocurre en otras enfermedades: bronquitis, asma, laringitis… en estos caso sí se tratará la causa que la motiva, pero no es el tema que nos concierne ahora mismo.

Además de la tos, tenemos otro tratamiento muy eficaz en nuestras manos: los lavados nasales. En realidad son el único tratamiento que se ha demostrado eficaz en niños pequeños, un buen lavado nasal antes de las comidas permitirá que el niño coma a gusto, y un buen lavado nasal antes de dormir permitirá que duerma mejor. Dada su importancia y el alivio que produce en los pequeños le dedicaré en exclusiva la siguiente entrada de mi blog.

¿Y los mucolíticos?, pues sintiendolo mucho no existe evidencia que apoye su eficacia, y por tanto su uso en niños pequeños, menos aún en lactantes. Sí, reconozco que a veces los usamos, pero fiaros más del pediatra que quiera explicaros la parrafada que os estoy contando hoy que él que os mande un mucolítico a las primera de cambio.

 

 

Para terminar me gustaría contaros algunas cosas acerca de los catarros que en ocasiones pasamos por alto y me parecen interesantes, pues creo que el conocimiento da tranquilidad y os permite afrontar mejor las situaciones a las que os enfrentáis como padres:

– Los catarros no son cosas de horas, pueden durar 2-3 semanas, y aunque parezca mucho tiempo es completamente NORMAL.

“Mi hijo siempre está malo” es una frase también NORMAL. Durante los meses frios nuestros pequeños pueden cursar de 6-8 resfriados, a veces más, si cada uno durante 2-3 semanas, pues sí, siempre está malo. Cuando vayan creciendo estos episodios irán disminuyendo, no os agobiéis.

“Mi hijo tiene los mocos en el pecho, se los oigo y al ponerle la mano se nota”. Para escuchar el “pecho” de vuestro hijo usamos el fonendoscopio, sin él es casi imposible escuchar ruidos pulmonares, los ruidos que escucháis son las secreciones de vías altas que se mueven al respirar, y por vibración se transmiten al torax, por eso cuando le ponéis la mano en el pecho os vibra, pero no, eso no es diagnóstico de bronquitis, consultad a vuestro pediatra que será quien os indique si el pequeño cursa sólo un cuadro catarral o se ha complicado.

“Voy a urgencias y no me quieren mandar nada para los mocos”. Espero que con lo que hemos hablado hoy eso haya quedado ya más o menos claro.

 

 

Espero que os haya parecido interesante la entrada. Os mando mucho ánimo a todos los papis en este inicio de curso escolar. ¡Un saludo a todos!

 

 

Ampollas y costras veraniegas

Muy buenas nuevamente a todos los que dedicáis un ratito a leer las cosillas que voy contando por aquí. Hacía tiempo que no escribía, el verano invita a ocupar el tiempo en otros menesteres. Pero ya estamos de vuelta de vacaciones, espero que hayáis podido descansar y empecéis el nuevo curso cargados de energía y buenas intenciones.

 

Hoy voy a hablaros de un tema muy frecuente en estos meses de calor, y es que raro es el día en urgencias en que no trato algún caso como este. Niño de edad variable que de pronto empieza con una lesión a modo de vesícula – ampolla, en la cara u otro sitio, que parece que no es nada pero que con el paso de los días se extiende y empieza a coger un aspecto feo como de costra amarilla.

Eso que he descrito se llama impétigo, adjunto una foto:

  impetigo

 

Los impétigos son infecciones bacterianas de la piel, muy frecuentes en niños en meses calurosos. Habitualmente a partir de una pequeña herida previa (picadura, erosión, arañazo…) comienzan a proliferar pequeñas bacterias (estafilococo o estreptococos), dando como resultado esas lesiones vesiculosas en algunos casos, o algo más grandes hasta formar ampollas en otros. Cuando esas lesiones se rompen, cosas que ocurre con relativa rapidez, se empiezan a formar unas costras amarillentas muy características, esto será suficiente para que vuestro pediatra pueda establecer el diagnóstico y pautaros un tratamiento.

 

¿Porqué ocurre?. No os alarméis ni busquéis un contagio raro o algo que haya podido tocar vuestro hijo. Simplemente los niños se hacen heridas, lo sabemos todos, y esa pérdida de barrera de la piel la aprovechan las bacterias con las que convivimos para crecer y provocar la infección, poco se puede hacer para prevenirlo. Lo que si está en vuestras manos es no perder tiempo cuando lo veáis, pues vuestros hijos al rascarse pueden extenderlo a otros sitios y empeorar el cuadro.

   ¿Cómo se trata?. Los que habéis leído mis otras entradas seguro que ya sabéis la respuesta. Estamos ante una infección bacteriana, por tanto el tratamiento lo haremos con un antibiótico, ¿fácil no?. Aquí tenemos dos opciones, si son poquitas lesiones y las tenemos bien localizadas en una zona accesible, el tratamiento lo haremos con una cremita antibiótica (mupirocina o ácido fusídico habitualmente); por el contrario si está muy extendido o en zonas de difícil acceso, la crema no ha dado resultado o ya han aparecido lesiones en otros familiares o compañeros de clase, lo mejor es poner el antibiótico vía oral (vuestro pediatra conoce que gérmenes causan esa infección y sabrá elegir el antibiótico más eficaz contra ellos).

 

Espero que os haya vuelto a resultar interesante la entrada, seguiré escribiendo y atendiendo vuestras consultas. Y no olvidéis disfrutar de vuestros hijos, ahora más que nunca con el inicio del cole os necesitan, ¡dedicadles todo el tiempo que podáis!.

 

 

¡Pica pica!

Hago un parón en el descanso vacacional, para hablaros de las picaduras, fundamentalmente las producidas por los mosquitos, aunque también hablaré un poco de nuestros amigos los himenópteros (abejas y avispas). Y es que es ahora, en verano, cuando aumenta su presencia y sus picaduras nos causan las molestias que todos conocemos.

Como siempre intento, seré lo más resumido posible, hablaré de que podemos hacer para evitar que nos piquen, como actuar si por desgracia ya lo han hecho, y cuando deberemos preocuparnos (porque sí, hay casos en los que deberemos preocuparnos, pero tranquilos, son los menos).

 

Los mosquitos, esos insectos desagradables que tienen la mala costumbre de acercarse a nuestro oído en las noche de verano para dificultarnos el sueño, suelen vivir muy a gusto en la vegetación cercana a ríos y torrentes, por ello, evitar la contaminación de los ríos debería ser la primera medida para controlarlos a ellos y a sus picaduras.

¿Porqué nos pican?. Bueno, pues tienen sus motivos. Las avispas y abejas suelen hacerlo simplemente como mecanismo defensivo, por tanto, habitualmente si no se sienten atacadas no pican, así que hay que dejarlas tranquilas. Los mosquitos, mejor dicho “las mosquitas” (pican más las hembras), lo hacen porque necesitan de nuestra sangre para la puesta de sus huevos, ¡somos donantes involuntarios en favor de la perpetuación de su especie!, ¡que bonito!

¿Cómo podemos prevenir que nos piquen?. Inicialmente evitar la exposición, huir de zonas con alta población de mosquitos y proteger la vivienda con barreras físicas (mosquiteras). Si aún así vamos a estar irremediablemente expuestos a sus picaduras disponemos de repelentes para hacérselo un poco más difícil. Dentro del mundo de los repelentes tenéis que saber que existen naturales (ej. citronella) y químicos (ej. DEET-Goibi), siendo estos últimos los más eficaces, además de ser seguros, pues su absorción es mínima, y serían los más recomendables para nosotros y nuestros hijos a partir de los 2 años. En niños más pequeños, de 1-2 años, existen alternativas aún más seguras como los repelentes IR3535 (Ej. ISDIN), reservando la citronella para los menores de un año. Los complementos tipo pulsera, deben ser eso, complementos de los repelentes.  (http://boticariagarcia.com/cual-es-el-mejor-repelente-de-mosquitos/).

 

Ya me han picado, ¿y ahora qué?. Como puse más arriba, la reacción a la picadura va a depender de la sensibilidad de cada persona, a algunas sólo les provocará una pequeña pápula y a otras una inflamación importante. En general las reacciones locales suelen ser leves-moderadas, y aplicando frio en la zona, antihistamínicos orales y en ocasiones corticoides tópicos suele ser suficiente. Habrá que estar atentos a posibles complicaciones, la más frecuente la celulitis infecciosas, si veis que la zona de la picadura se pone muy inflamada, caliente, dura y con un color intenso, está más que justificado que consultéis con vuestro pediatra o por urgencias.

Capítulo a parte son las reacciones graves sistémicas tras una picadura, infrecuentes en general, aunque un poco más probables cuando las causantes son avispas o abejas. Hay personas alérgicas que tras una picadura por estos insectos pueden comenzar con inflamación de la cara, vómitos e incluso dificultad para respirar, son las temidas reacciones anafilácticas, en este caso la recomendación tiene que ser siempre: corriendo para urgencias o llamar a las asistencias sanitarias.

 

 

Espero que esta entrada os haya ayudado un poco. Y sin más desearos que sigáis disfrutando de las vacaciones los que estáis en ellas y que lleguen pronto para los que estáis a la espera, y si ya os las habéis tomado… ¡las Navidades están a la vuelta de la esquina!.

Felices vacaciones

Esta semana no toca entrada científico-divulgativa. Y no toca porque este blog tiene un título claro y tengo que hacer honor a él. Antes padre, siempre.

Estamos en verano, tiempo habitual de vacaciones, fijas para los más pequeños. A eso dedicaré unas palabras, entre otras cosas porque mañana empiezo las mías.

 

Os “obligo” a pasar tiempo con vuestros hijos, correr, saltar, caer, reír, desesperarse si toca, maldecir de vez en cuando, y disfrutad, siempre disfrutad. Olvidaos del móvil, del reloj, cambiad los horarios, o directamente no los tengáis.

 

Cuando no quiera dormir, no durmáis, es verano, acostaos tarde, jugad hasta que se os cierren los ojos, mirad el cielo, leed cuentos.

Cuando se manche, pensad que llegará el día en que no lo hará, que la ropa es ropa y se puede lavar.

Cuando tenga una rabieta, dadle cariño, respirad profundo y pensad que cuando se le pase os querrá aún más.

Cuando se levante a las siete de la mañana, saltad con él en la cama, id a comprar churros, bajad temprano a la playa, tienes un maravilloso día por delante, aprovéchalo.

Cuando se pelee o pegue a su hermano, enséñale a quererlo en vez de regañarle, seguro que aunque lo haga, su cariño es mayor y con tu ayuda aprenderá a demostrarlo.

Cuando mamá esté cansada, coge a los niños y pasea, piensa que puedes enseñarles que aún nunca hayan visto: un caracol, una flor, un parque nuevo… mamá volverá más descansada, y tendréis mil cosas que contarle.

 

Enseña a tus hijos, comparte el tiempo que es lo más valioso que tenemos, y aprende de ellos, sí, aprende de ellos.

 

Antes de desearos felices vacaciones os contaré una última cosa:

Ayer fui con mi hijo de 3 años al cine, era su primera vez, fue increíble, me encantaría ver por los ojos que tenía él ayer, fascinado por aquella pantalla tan grande, tan bonita, con esa música tan maravillosa que salía por todos lados. Pensé que había perdido la capacidad de impresionarme, por eso a todos los consejos anteriores añadiré otro: dejaos impresionar, sea cual sea el sitio al que vayáis de vacaciones, o simplemente si os quedáis en vuestra ciudad, tened la capacidad de valorar una puesta de sol, una cerveza fresquita frente al mar, una canción en la radio, el choque de las olas contra un acantilado… Yo prometo intentarlo.

 

 

FELICES VACACIONES A TODOS.

 

 

 

 

“Mi hijo es alérgico a la lactosa”

¿Alergia o intolerancia?, ¿proteínas de la leche o lactosa?, ¿qué leche tiene que tomar entonces mi hijo?, ¿qué le puede pasar si toma leche “normal”?, ¿podrá tomar leche “normal” alguna vez?…

En consulta siempre me detengo a explicar bien este tema, aún así, muchas veces, tengo la sensación de que los padres salís con las ideas sólo “medio” claras, y si vosotros no os aclaráis del todo no os quiero ni contar el lío que supone para terceras personas (abuelos, maestros, cuidadores…). Voy a intentar explicar y simplificar la diferencia entre alergia a proteínas de la leche de vaca e intolerancia a la lactosa, dos entidades totalmente distintas que sólo comparten la leche como vínculo común. 

 

De manera muy resumida tenéis que saber que la leche de vaca tiene proteínas por un lado e hidratos de carbono (lactosa) por otro.

 

Algunos niños tienen anticuerpos en su sangre dirigidos contra esas proteínas de la leche de la vaca, por lo que al ingerirla se desencadena una respuesta que puede ir desde “manchas” en la cara alrededor de la boca o vómitos, hasta una verdadera reacción anafiláctica que comprometa su vida. Estos niños suelen diagnosticarse en el primer año de vida ante los primeros contactos con la leche de vaca, y haciendo una analítica podemos detectar esos anticuerpos, su diagnóstico será por tanto ALERGIA A LA PROTEÍNA DE LA LECHE DE VACA (APLV). La confusión con las intolerancias proviene de que en algunos niños no se detectaban esos anticuerpos en sangre, aún pasándoles lo mismo al tomar leche, y se les ponía el diagnóstico (aún todavía se ve) de Intolerantes a la Proteína de la Leche de Vaca (IPLV), como era un término erróneo que llevaba a equívocos ahora se les prefiere poner el diagnóstico de APLV no mediada por anticuerpos. Más fácil ¿verdad?.

Como sabemos que en estos niños el problema reside en la alergia a las proteínas que contiene la leche de vaca, el tratamiento es obvio, hay que retirar de su dieta aquellos alimentos que contengan proteínas de la leche de vaca (PLV). Para ello existen fórmulas especiales, hidrolizadas, que podrán tomar, siempre y cuando no esté con lactancia materna, en cuyo caso habrá que potenciarla pues siempre será la mejor alternativa. Además tendréis que tener mucho cuidado pues otros alimentos pueden contener PLV: yogures, galletas, cereales… no queda otra que estar atento y hacer una dieta libre de PLV.

¿Es para siempre?. No. La mayoría de niños con APLV son capaces de tolerar PLV antes de los 2 años de vida. Vuestro pediatra os informará cuando repetir las pruebas en sangre, y cuando esos anticuerpos hayan desaparecido hacer una prueba de provocación para ver si vuestro hijo puede tomar ya PLV.

 

Por otro lado tenemos la lactosa, como hemos dicho antes, un hidrato de carbono. La lactosa está presente en todas las leches, incluida la materna, y para poder “digerirla” necesita de una enzima llamada: lactasa. Pues bien, algunas personas tienen una menor cantidad de lactasa, por tanto no son capaces de digerir toda la lactosa, esta lactosa restante no digerida va a fermentar en nuestro intestino y va a dar lugar a “gases” y por tanto: dolor abdominal, deposiciones diarreicas y explosivas, flatulencias, distensión de abdomen…

Para diagnosticar a un pequeño de Intolerancia a la Lactosa a veces es suficiente con eliminar la lactosa de la dieta y comprobar que desaparecen los molestos síntomas. También se puede diagnosticar con un test que miden la cantidad de hidrogeno que respiramos tras dar una ingesta abundante de lactosa, vuestro pediatra sabrá cuando estaría indicado solicitarlo.

El “tratamiento” lógico sería restringir la lactosa de la dieta, sí y no. Tenéis que saber que, aunque existe, la ausencia completa de lactasa es muy muy infrecuente, siempre tenemos algo de enzima, y por tanto somos capaces de tolerar cierta cantidad de lactosa: a veces un yogur, un poco de queso… Por tanto tendremos que ajustar la dieta a la capacidad individual para tolerar la lactosa, siendo a veces necesario usar leches SIN lactosa, que nada tienen que ver con las fórmulas hidrolizadas nombradas anteriormente.

 

Si habéis conseguido leer hasta el final me daré pos satisfecho si releéis el titulo y os echáis las manos a la cabeza. ¡Feliz verano a todos!