Mi hijo tiene “cólico”

La experiencia profesional te enseña multitud de cosas, unas son más útiles que otras, pero siempre aprendes algo. Bueno, pues una cosa que no sabía hasta que no empecé a trabajar es que ¡diarrea y cólico son sinónimos!, en realidad creo que no lo son, pero hay mucha gente que los usa indistintamente. Sea como fuere entremos en materia: gastroenteritis.

           La gastroenteritis es una infección del tracto gastrointestinal, una infección, y como se que me leéis atentamente ya sabéis que básicamente tenemos dos posibles infecciones: virus y bacterias, efectivamente aquí también. Sin liarme mucho en el cómo, os diré que cuando el germen llega a nuestro intestino altera la funcionalidad de las células o directamente las lesiona alterando la absorción y provocando pérdida de agua y electrolitos, en el caso de que la lesión producida sea intensa también podemos llegar a ver moco y sangre, no os preocupéis, no tiene porque estar ligado con una mayor gravedad.

        Como ocurre casi siempre los virus son los principales responsables, por tanto no hace falta ya que os diga que podéis hacer con los antibióticos… efectivamente, olvidaros de ellos. Nuestro objetivo como padres es ayudar a que nuestro hijo esté lo mejor hidratado posible para que pueda combatir la infección, por tanto la clave del manejo de una gastroenteritis será la HIDRATACIÓN. He de reconocer que los padres cada vez estamos mejor formados, no obstante no puedo tratar el tema de la hidratación sin pararme un segundo en comentar la famosa bebida para deportistas, lo haré lo más fácil posible: como he dicho antes la alteración de la función del intestino hace que perdamos agua y electrolitos, lo mismo que cuando sudamos pero a la vez totalmente diferente, pues los electrolitos que perdemos son distintos, por ello la composición de esa famosa bebida no va a cubrir las necesidades de electrolitos de una diarrea, y además va a aportar un exceso de glucosa que puede agravar la diarrea por un aumento de pérdida de agua (diarrea osmótica). Por tanto NO uséis esas bebidas para hidratar a vuestro hijo, para ello disponéis de sueros de rehidratación de diferentes colores, sabores, formatos…

          El manejo por tanto es obvio en caso de que solo exísta diarrea: hidratación, hidratación e hidratación. Puede además que vuestro pediatra opte por asociar algún probiotico (“flora bacteriana buena”) para intentar volver a la normalidad lo antes posible. Lo que si está más que demostrado es que después de hidratar a vuestro pequeño y tan pronto como sus ganas lo permitan hay que reiniciar la alimentación. Una alimentación precoz acelera la recuperación, y más aún si es variada y equilibrada, evitando dietas muy restrictivas a base de arroz y manzana, así que ya sabéis, hidratarlo rápido y alimentarlo sin forzar y de manera variada. Y, por supuesto, si está con lactancia materna seguid con ella aumentando la frecuencia de las tomas si es necesario.

          ¿Y qué pasa si vomita?. En la mayoría de los casos es suficiente con dejar descansar a vuestro hijo alrededor de una hora y comenzar a hidratarlo poco a poco, con pautas que llamamos de tolerancia, pequeñas cantidades de suero de rehidratación cada 5-10 minutos, si tras 1-2 horas no ha vuelto a vomitar seguir como en el párrafo anterior.

           Aunque he comentado que las gastroenteritis virales son las más frecuentes también existen gastroenteritis bacterianas. Las podemos sospechar cuando asocian fiebre alta, sangre en las heces, dolor abdominal intenso… Aunque parece que asustan más debo insistiros que la gran mayoría curan siguiendo la misma pauta explicada antes, por regla general tampoco está indicado el uso de antibióticos, es más, el uso inapropiado puede ser incluso perjudicial (favorece resistencias, acordaos de león, hace que algunos gérmenes queden por más tiempo en el organismo…). En el caso de que se sospeche una gastroenteritis bacteriana vuestro pediatra os pedirá un cultivo de heces, por si el pequeño no evoluciona bien o la infección se prolonga saber que antibiótico poner para obetener el mayor beneficio.

         ¿Cuando acudir a urgencias?. Naturalmente debéis consultar si veis que vuestro hijo no se encuentra bien, a veces el número de diarreas o vómitos provocan una pérdida excesiva de líquidos llegando a la deshidratación, inicialmente lo notaréis porque vuestro hijo no querrá jugar, estará somnoliento, ojeroso y con la boca y lengua muy pastosa. También debéis consultar si vomita mucho en poco tiempo no permitiendo realizar en casa la pauta descrita de reposo-tolerancia, el riesgo de que se deshidrate será alto y el pediatra podrá usar algún médicamento para tratar esos vómitos. Si vuestro hijo se encuentra bien pero presenta algún síntoma de los que hemos llamado sospechoso de gastroenteritis bacteriana o la infección no cura en 5-6 días también es conveniente que lo llevéis al médico, no necesariamente a urgencias, pedir cita con vuestro pediatra, es el que mejor conoce al niño y sabrá perfectamente como estudiarlo y tratarlo en caso necesario.
Pues esto es todo. Espero os haya resultado ameno y útil,l el tema tratado, como siempre quedo abierto a vuestras opiniones y dudas. ¡Feliz Semana!

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Dolores de oído

Se acerca el verano, los baños en la playa y la piscina, los niños son seres acuáticos, resistentes al remojo prolongado y con tendencia al capuzón fácil. Seguro que todos conocemos, si no nosotros mismo, alguien que alguna vez se ha quejado de dolor de oído, por ser técnicos: otalgia.

Lo que he descrito más arriba hace referencia a la típica otitis del verano, que a partir de ahora conoceremos como Otitis Externa, relacionada con la humedad, y por tanto con los baños estivales. Es conveniente como padres, que conozcamos el porqué de esta otitis y sepamos diferenciarla de otra, también frecuente, que tiene unos síntomas parecidos, aunque no los mismo, y un tratamiento diferente, la Otitis Media.

 

Huyendo de tecnicismos podemos decir que la Otitis Externa Aguda se produce por tener el oído en remojo, el exceso de humedad va a favorecer que gérmenes que habitualmente no nos causan ningún daño terminen provocando una infección en el conducto auditivo, este se inflama, se pone rojo, duele mucho (pero mucho, este es un dato muy característico, a veces el simple roce se hace insoportable) y en ocasiones se produce un líquido maloliente que sale por el oído. El germen que nos ocasiona esta infección es una bacteria (casi siempre una pseudomona, esto podéis olvidarlo si queréis) y para curarlo necesitaremos un antibiótico, como la infección está localizada en el conducto podemos tratarlo directamente allí, el pediatra os mandará unas gotas y que no se moje el oído en una temporada.

Como ya sabemos que el desencadenante de la infección es la humedad que se genera en el conducto auditivo podemos tomar ciertas medidas para intentar evitarlo. Es muy útil que al salir del agua juguemos con nuestro hijo a mover la cabeza hacia un lado y al otro para que expulse la mayor cantidad de agua, y después podemos secar el oído con una toalla, siempre “por fuera”, nada de bastoncillos ni artilugios raros. Aquellos niños con predisposición a padecer este tipo de otitis pueden beneficiarse de tapones hechos a medida que impidan la entrada de agua.

 

Totalmente diferente es la Otitis Media Aguda (hay otros tipos pero son menos frecuentes). En este caso la infección se produce “por dentro”, en el oído medio, por detrás del tímpano, por tanto no tiene nada que ver con los baños y la humedad. Entre las causas implicadas parece estar relacionada con procesos catarrales por lo que es más frecuente en meses fríos. En este caso el dolor también existe, pero puede no ser tan intenso como en el otro tipo de otitis, y además, como ya sabemos que la infección no es del conducto, podemos también deducir que no va a ser tan evidente el típico dolor al rozar o presionar el oído. Por contra si podemos encontrar fiebre, mucosidad, e igualmente líquido purulento en el oído (si se llega a romper el tímpano, si no simplemente vuestro pediatra verá el tímpano abombado y de un color diferente).

Este tipo de otitis también está producido por bacterias (aunque diferentes al de las otitis externas, aquí las más frecuentes son: S. pneumoniae, H. influenzae y M. catharrhalis – también podéis olvidaros de estos nombres). Lo que si tenéis que saber es que un alto porcentaje de estas infecciones, aún siendo bacterianas, van a curar solas, así que si vuestro pediatra decide esperar uno o dos días a ver si el pequeño mejora confiad en él, está actuando perfectamente. No obstante sabemos que la posibilidad de curación espontánea disminuye y la de complicaciones aumenta cuanto más pequeño es el niño, por ello en menores de dos años los pediatras no solemos dudar y tratamos con antibiótico (como ya sabéis que la infección está “por dentro” seguro que no hace falta que os diga como os mandará el pediatra el antibiótico, efectivamente, oral, todo es más fácil si se piensa).

 

Espero os haya sido útil esta entrada, como en otros casos existen muchas más cosas sobre las que poder hablar pero el objetivo es hacer los temas amenos, didácticos y entretenidos. Por ello siempre estoy abierto para posibles dudas y preguntas. Un saludo a todos.

 

P.D.: no hace mucho se publicó en prensa el caso de un niño fallecido en Italia al no tratarse correctamente una Otitis, en este caso una Otitis Media. No consultaron a un pediatra, no trataron correctamente la bacteria causante con el antibiótico correcto y por ello la infección se extendió con un fatal desenlace. Seguramente si los padres hubiesen tenido la información adecuada hubiesen podido entender mejor la enfermedad que estaba cursando su hijo y hubiesen actuado de una manera diferente. Por ello los pediatras y los médicos en general tenemos la responsabilidad de no quedarnos en explicar el tratamiento, sino intentar explicar el porqué del mismo, para hacer de los papas unos cuidadores excelentes.

Una pequeña historia

          El día que hablé de la fiebre dije que no se trataba con antibióticos, aún arriesgándome a caer en el plagio, y dejando claro desde el principio que la historia no es mía, la leí un día y me encantó, os la voy a contar.

          “Un día una madre y su hijo daban un paseo por la selva mientras un león estaba escondido detrás de un matorral, al acecho. De pronto un grupo de mosquitos se lanzó hacia el niño y la madre rápidamente sacó la escopeta y empezó a disparar. Ni una sola bala consiguió acertar en los mosquitos pero el pequeño salió corriendo y evitó que le picasen. El sabio león lo había visto todo. A la semana siguiente pasó otra vez lo mismo, la madre volvió a disparar, el niño a correr y el león a observar. Y así pasaron varias semanas repitiéndose la escena, hasta que un día mientras madre e hijo daban su paseo se les cruzó el fiero león, la madre sabía que solo la escopeta podría salvarlos pero el león ya sabía cómo funcionaba y pudo esquivar las balas, por muy rápido que corriese el pequeño nunca sería suficiente…”

          Pues bien, los mosquitos son los virus, el león las bacterias y la escopeta los antibióticos. Cuando vuestro pediatra, o el que os atienda en urgencias, os diga que vuestro hijo está cursando un proceso viral tenéis que saber que no habrá ningún antibiótico eficaz, vuestro hijo será capaz de curarse solo (¡salir corriendo!) y por el contrario, si lo usáis, correis el riesgo de hacer a las bacterias resistentes no siendo ese antibiótico eficaz el día que verdaderamente lo necesite.

          Por tanto confiad en vuestro pediatra, el sabrá que infección cursa vuestro hijo y sabrá la mejor manera de enfrentarla, y ante la duda, si vuestro hijo se encuentra bien siempre será mejor una actitud expectante viendo la evolución y revisándolo tantas veces sea necesario.

          Aún reconociendo que se ha hecho un sobreuso de los antibióticos cada vez se utilizan de una manera más racional.
          Un saludo y ¡buena semana!.

Los golpes en la cabeza

Os dejo una entrada cortita y ligera para el fin de semana, además son los fines de semana los días que más tiempo pasamos con nuestros pequeños y antes o después vamos a ver como se caen. Algunos padres se alarmarán más que otros, y aún sabiendo que  habitualmente no habrá que hacer nada, es conveniente que sepáis que tenéis que vigilar y como actuar.

 

Como siempre me gusta recomendaros lo primero que debéis hacer es observar, nadie como vosotros conoce a vuestro hijo y por ello nadie va a saber antes que vosotros si hay algo que no anda bien, por eso antes de salir corriendo como alma que lleva el diablo paraos cinco segundos a mirar como se encuentra el pequeño. Lógicamente si el traumatismo ha sido muy fuerte y vuestro hijo ha perdido el conocimiento, ha vomitado o está excesivamente somnoliento debéis consultar a la mayor brevedad en un centro de urgencias llamando a las asistencias sanitarias si fuese necesario. Como esto es obvio debo centrarme en como actuar en el resto de casos, la gran mayoría, en que el pequeño se da un golpe pero después de la llantina de rigor sigue jugando

Lo primero a tener en cuenta es la edad, por normal general los traumatismo en menores de un año suelen ser desde alturas proporcionalmente más altas pues al no saber aún andar suelen caerse desde una trona, cambiador, silla, cama… además suelen impactar de una manera más directa, son pequeños y a veces no se protegen bien del impacto. Por ello en este grupo de edad os recomiendo si se ha caído y tiene un “chichón” acercarlo a urgencias, si lo encontráis bien podéis ir tranquilos, nada de imitar a Carlos Sainz por la carretera.

En los niños más grandes, una vez comprobado que se encuentran bien, va a tener mucha importancia el cómo y el donde. No es lo mismo ir corriendo y chocarse contra el marco de la puerta que caer de 9-10 escaleras, por tanto los traumatismos que llamamos de alta energía, aquellos con un mecanismo de producción intenso, requieren una valoración por un pediatra. Por otro lado no será lo mismo un traumatismo por delante de la cabeza que por detrás, primero porque los que se producen por delante suelen estar atenuados ya que el pequeño suele apoyar con los brazos para evitar el golpe mientras que las caídas hacia atrás no suelen permitir defenderse, y segundo porque los huesos de la cabeza no tienen el mismo grosor (el hueso frontal, el de la frente, suele ser más grueso y resistente que los demás).

¡Pasamos a la práctica! Tenemos un niño de 2 años y 1/2 que se ha dado un golpe en la cabeza: ¿ha sido una caída simple con un pequeño golpe en la frente y se encuentra perfectamente? – pues no pasa nada observémoslo (*ver consejos de vigilancia en anexo), quien no se ha dado un coscorrón. ¿Estaba subido en la silla de la cocina ha resbalado hacia atrás ha caído al suelo y  se ha dado directamente en la parte posterior de la cabeza? – aunque parece que está bien mejor lo acerco tranquilamente a urgencias a que lo valore el pediatra (porque se que la caída ha sido de alta energía y se ha golpeado en una zona más sensible de la cabeza). Como veis, no me cansaré de repetirlo, simplemente manteniendo la calma y observando lo que ha pasado podéis actuar de la mejor manera.

Dos apreciaciones importantes:

1) En un traumatismo craneal lo único importante es lo que pasa “dentro de la cabeza”, el chichón puede dar información al pediatra que valore al niño, pero el hecho de ponerle la famosa “barrita” y que desaparezca el hematoma no os debe cambiar vuestra actitud, haced lo que hemos explicado antes independientemente de que la barrita mágica haya hecho su trabajo.

2) En un traumatismo, aunque vayáis al pediatra y os diga que está todo bien, lo más importante es que vosotros os hagáis responsables de la vigilancia (* anexo) de vuestro hijo en las 24-48 horas siguientes al golpe. Si el pediatra lo ve u os dice que la exploración es normal, incluso si le hace una radiografía y os dice que está bien, debéis seguir vigilando a vuestro hijo, la probabilidad de que pueda ocurrir una complicación nunca será cero. Con esto no quiero alarmaros, pero en medicina la evolución es clave, y vosotros seréis los responsables y nuestros ojos en casa – siempre ante la mínima duda de que algo no va bien consultad las veces que haga falta, para eso estamos.

 

* ANEXO tce

 

El principal motivo de consulta

Aunque es un tema bastante tratado sigue siendo el principal motivo de consulta e incluso principal fuente de preocupación de padres y cuidadores: LA FIEBRE. Por ello, aunque se que puede resultar repetido y aburrido, tengo que dedicarle unas palabras.

Aún a riesgo de ser pesado no pienso realizar un tratado médico sobre “la fiebre y sus posibles causas”, me desviaría del sentido principal de este blog. Me centraré en intentar explicar que es la fiebre, porqué es inevitable que nos encontremos con ella durante la crianza de nuestros hijos y como debéis manejarla.

1) ¿Qué es la fiebre?

La fiebre NO es una enfermedad, es una respuesta del propio organismo, la provoca el niño, y como casi todo lo que hace nuestro cuerpo, es una respuesta positiva encaminada a ayudarnos. Nuestro cuerpo no piensa: ¿estás malo no?, ¡pues encima te voy a achicharrar para que lo pases peor!. Todo lo contrario, el cuerpo sabe que aumentando la temperatura va a conseguir dos efectos: primero favorecer la activación de nuestro sistema inmune para que luche contra el “germen invasor”, y segundo fastidiar a ese germen invasor, que por normal general se va a reproducir más fácilmente si hace frio.

Por tanto, si tu hijo tiene fiebre, me repito mucho, mantén la calma, piensa que es una aliada, te está informando de que tu hijo se ha puesto en marcha para combatir una infección, así que obsérvalo (me vuelvo a repetir), ¿está malo?, ¿tiene mocos y tos?, ¿está con diarrea?, ¿le duele la garganta?… Si tienes una respuesta para alguna de estas preguntas ya tienes medio camino hecho, sabes que tu hijo ha iniciado una “guerra” control algún “bicho” y conoces el campo de batalla: resfriado, diarrea, faringitis…

 

2) Nuestro encuentro con la fiebre es inevitable

Pues si, es inevitable.  Lo queramos o no nuestro hijo va a tener contacto con “gérmenes invasores”, puede que sea a partir de los 6 meses al entrar en la guardería, puede que a los 3 años, pero lo tendrá, por suerte también tendrá unos padres maravillosos que le ayudaran a sobrellevarlo.

Sí quiero hacer dos puntualizaciones: la dentición NO produce fiebre, no hay ningún mecanismo fisiológico que relacione que te salga un diente con que te de fiebre, es hasta muy probable que la dentición ni duela (¿alguna vez se ha quejado un niño de 7 años de dolor por la salida de un diente?, si de verdad dolieran ¿creéis que lo más sensato sería ponerse a morder con la zona más dolorosa? es como si jugásemos al tenis con la muñeca partida… en fin que me desvío). La segunda apreciación es que las vacunas SI pueden dar fiebre, es normal, queremos activar el sistema inmune de nuestro hijo para que reconozca y sepa actuar contra ciertos gérmenes, y ya sabemos que la fiebre favorece la acción de ese sistema inmune, así que ya podemos deducir que la fiebre con la vacunación es algo esperable.

 

3) Como debemos manejar a nuestro hijo con fiebre

Antes de explicaros como actuar cuando vuestro hijo tenga fiebre quiero excluir a los peques menores de 6 meses, si tu hijo tiene menos de esa edad y fiebre llévalo a urgencias, cualquier infección tiene más probabilidad de complicarse cuanto menor es la edad del niño, pues su sistema inmune es más inmaduro.

Por cierto, no he especificado que debéis considerar fiebre: temperatura axilar superior a 38ºC, de 37.5ºC-38ºC es febrícula, ni es normal ni es fiebre, observadlo, la evolución os dirá si es una cosa u otra. Por debajo de 37.5ºC es una temperatura normal, y SI, aunque tu hijo siempre tenga 35.5ºC y para él 36.5ºC sea mucha temperatura, es NORMAL. Si le pones el termómetro en el culete réstale 0.5ºC.

Entramos en materia. Tenéis a vuestro pequeño en casa y de pronto lo tocáis y está caliente, a por el termómetro, !tiene 38.2ºC!… ¡cariño las llaves del coche nos vamos a urgencias!. Tranquilidad, calma (perdón nuevamente por repetirme tanto), haceros primero dos preguntas: la primera es la de antes, ¿está malo?, la segunda aunque parece obvia a veces ni nos la planteamos ¿Cómo está mi hijo?. Si la primera es SI y la segunda BIEN no pasa nada, pídele cita programada a tu pediatra por si la fiebre no remitiera sola que explore al pequeño. Si la primera es NO y la segunda BIEN vigílalo, si la segunda pregunta no cambia actúa como en el caso anterior. Si la segunda es MAL trátalo:

La fiebre es nuestra “amiga”, pero está claro que tener fiebre no es agradable, para vuestros hijos tampoco (aunque ellos son más fuertes que nosotros), por ello si ves que tu hijo está molesto trátalo, dale un antitérmico y observa que pasa, intenta olvidarte del termómetro, si hace efecto verás como poco a poco se va pareciendo al pequeño destructor de siempre que sólo quiere jugar, la segunda pregunta pasará a ser BIEN y podrás actuar como en el primer caso.

Si dudas – consulta, no puedo recomendarte otra cosa, y si consultas confía en el  Pediatra.

 

P.D.1: la fiebre NO hace daño, NO deja secuelas, NO afecta al cerebro… sí puede producir, en pocos casos, convulsiones que tampoco hacen daño ni dejan secuelas (hablaremos de ellas en otra entrada).

P.D.2: la fiebre NO se trata con antibióticos. La mayor parte, con mucha diferencia, de infecciones en niños son producidas por virus que no tiene tratamiento específico, por ello simplemente aliviaremos las molestias provocadas por la fiebre hasta que la infección resuelva (puede que también le dedique otra entrada).

 

Espero os haya gustado, es un tema amplio y seguro que me dejo cosas, si os surgen algunas dudas espero poder resolverlas. Saludos a todos.

 

MI HIJO NO MUEVE EL BRAZO

Comienzo mi andadura comentando temas pediátricos, intentaré tratarlos de una manera “seria” y profesional pero desde el prisma de un padre. No esperen un blog de: “Protocolos de Pediatría”, mi objetivo no es enumerar una serie de enfermedades y poner su tratamiento, creo que para eso ya están los libros y sociedades científicas actualizándose continuamente, así como excelentes pediatras que seguro trataran a su hijo de la mejor manera. Mi objetivo es que al leerme pueda usted entender porque su hijo se encuentra así, y como puede actuar de la mejor manera para ayudarle.

Como por algún sitio hay que empezar lo haré por aquí (“empezar porque sí y acabar no se cuando”), sirviéndome de un caso visto en mi última guardia:

“María es una niña de 2 años, completamente sana y de peso adecuado a su edad. Acude a urgencias con sus padres, muy alarmados, porque “le pasa algo grave en el brazo”. Cuando volvían del parque, en contra de su voluntad claro, tuvo una rabieta (próximamente trataré un poco ese tema) y estando de la mano de su padre decidió que quería quedarse en el parque y súbitamente se tiró al suelo. El padre, intentando mantener la calma (te entiendo, no es fácil, pero lucha por mantenerla) decidió que sí era el momento para volver a casa y tiró del brazo de María mientras ella caía al suelo. El llanto fue cuestión de segundos, primero achacado a la propia rabieta, al cabo de un rato empezó a hacerse preocupante, seguía llorando, y cuando al final se calmó vieron con temor que María no quería mover su brazo derecho, lo tenía “descolgado”, impotente… ¿¡Le he roto la muñeca!?, ¿¡Le habré sacado el hombro?!… y como muchas otras cosas la película acaba en las urgencias de pediatría del hospital / centro de salud de turno.”

Este casi siempre es el mecanismo de producción, aunque puede ser otro (sé de un niño de 2 años y 1/2 que movido por el cariño que sentía hacia su hermana de meses le tiró del brazo con igual desenlace), lo que siempre sucede es una tracción súbita del brazo. Tranquilo papá (o mamá), no le has roto nada, algún caso puede darse pero no es probable, como siempre te recomendaré mantén la calma e intenta pensar de una manera racional, es complicado pero facilita las cosas.

Está claro que a tu hija le duele el brazo, obsérvala, dale algún analgésico (Ibuprofeno) y sigue observándola. Sabes que se ha caído otras veces y a los 5 minutos sigue jugando sin acordarse que tiene un “morado” enorme o la rodilla “en carne viva”, así que si sigue sin querer mover el brazo algo ha pasado, y está bien consultar en urgencias. Como te he dicho: tranquilo, seguramente no le habrás roto nada, y si mantienes la calma y le cuentas al pediatra como pasó todo le vas a evitar a tu hija una radiografía innecesaria. Un consejo, el pediatra NUNCA es vuestro enemigo, NUNCA va a querer atender mal a tu hijo o desear algo distinto a lo mejor para el pequeño (a veces podemos estar cansados y algo más serios, pero sólo eso), por ello trátalo con cariño, como un aliado, estáis en el mismo equipo, será todo más fácil.

Lo que le ha pasado a tu hija se llama Pronación Dolorosa, es una subluxación de la cabeza del radio, para que nos entendamos, se le ha salido el codo de su sitio, calma, no es grave. El pediatra intentará tranquilizarte y te pedirá que sujetes a tu hija (siempre con vosotros estará más segura y tranquila) para realizar una maniobra que permita volver el codo a su sitio, habitualmente se nota cuando se consigue y la mejoría del niño es espectacular, ni se acuerdan de lo que le había pasado y a jugar con su brazito como nuevo. Dos pequeñas puntualizaciones:

– Cuanto más tiempo pasa desde la subluxación más se inflama el codo y más complicado es meterlo en su sitio, consulta rápido (pero sin prisas) en urgencias, ningún pediatra os pondrá mala cara.

– A unos niños les pasa y a otros no, hay cierta predisposición individual, por tanto si le ha pasado una vez le puede volver a pasar, por tanto tened cuidado, pero sin extremismos, tu hijo no se ha vuelto de cristal.

 

Espero que os haya gustado esta primera entrada, como os dije espero vuestros comentarios para seguir tratando temas de interés. Un saludo.

Saludo y justificación

5 de Junio de 2017, podría haber sido ayer, mañana o nunca, pero hoy es un día igual de bueno que cualquier otro.

 

¿Por qué?

No tengo ni idea, imagino que no tengo un único motivo. El otro día en consulta, un abuelo, de esos tan sabios y que en ocasiones tan poco escuchamos, me dijo que el pediatra al que llevaba a su hija siempre le decía que él no se dedicaba a curar niños, sino a tranquilizar madres. Siendo una exageración me hizo reflexionar sobre la verdad que guardaban esas palabras. Yo soy Pediatra (aún no me he presentado – leer más abajo*), curar niños es el fin por el que eliges esta profesión y en lo que se centra casi todo tu aprendizaje previo, tranquilizar madres (incluyo formar, enseñar, acompañar, consolar…) es el medio necesario, no se entiende el niño sin su madre, tanto para tratar la enfermedad como para guiar en el camino, a veces arduo, que supone criar a un niño. En esto último debo mucho a mi mujer, por hacerme padre de dos niños preciosos, he de reconocer, y no me ruboriza, que soy mejor pediatra desde que soy padre. Antes hacía las cosas lo mejor que sabía, de una manera científica, guiándome por protocolos y guías de práctica clínica e intentando empatizar con las familias, ahora no lo intento, la empatía sale sola.

Sí, este puede ser un buen motivo para justificar este blog, aunar el rol de padre y pediatra para intentar formar, enseñar, acompañar, consolarempatizar con aquellas familias que se encuentren inmersas en la maravillosa aventura de la crianza. Sin pretensiones, sólo un granito de arena, como en la foto de portada.

 

*Presentación.

Mi nombres es Juan Poveda, nacido en Almería el 13 de Enero de 1983, Padre de dos niños, de 3 años (casi) y 4 meses, y Pediatra del Hospital Vithas Virgen del Mar.

 

 

P.D.: si crees que este blog puede ser interesante escribe un comentario sobre aquel tema que crees fundamental, la piedra angular de la pediatría, aquello en lo que los pediatras no nos ponemos de acuerdo…  y comparte con amigos.